Opinión | Buenos días y buena suerte
Generación ZP
La investigación al expresidente Zapatero ha producido el efecto de un gran terremoto, aún sin saber en qué medida tendrá consecuencias judiciales, más allá de lo expuesto en el auto conocido. La oposición, evidentemente, ha subrayado la magnitud de la argumentación del juez, justo apenas unas horas después de que los socialistas hubieran cosechado su peor resultado electoral en Andalucía. Cualquiera que lo observe desde fuera se preguntará cómo Sánchez logra mantenerse en pie, con tal cúmulo de malas noticias, y cómo es que no aparece por las Cortes como si fuera ya un presidente sonado, que se tambalea irremisiblemente. La derecha lo ve así. Pero Sánchez no cede.
Los analistas, tertulianos y comentaristas en general, con las prevenciones que exige la presunción de inocencia, han creído ver en esta imputación, o investigación, del expresidente el acto final de la legislatura, por más que Sánchez no sea Zapatero, pero, sí, para muchos, el heredero necesario. A Sánchez se le atribuye un exceso de apego al poder desde la oposición, pero otros piensan que, más allá de la atracción que la presidencia de un país pueda suponer, y más allá de todo lo que se nos ocurra, Sánchez quiere evitar una caída con estrépito, una dramatización del posible fin de ciclo político.
Sánchez no suelta el poder, como dicen sus rivales en lenguaje coloquial, no sólo porque desea reivindicar las cosas que en su gobierno se han hecho bien (y ahí se menciona la macroeconomía, o la respuesta sin complejos a los graves y deslenguados autoritarismos, en alza en el planeta), sino porque teme que la izquierda quede enterrada durante mucho tiempo, si no es capaz de llegar a los comicios (¿de 2027?) con más posibilidades de las que parece que tiene a estas alturas. El sanchismo, que hoy se dibuja como un socialismo más a la izquierda del tradicional, corre el riesgo de quedar anulado u olvidado si su final se produce entre la tormenta de los procesos judiciales y las derrotas autonómicas. O sea: en tiempo de tribulación, no hacer mudanza.
Aunque Sánchez ha manejado con soltura el concepto de resiliencia, hasta el punto de que parece una de las divisas de su acción política, son muchos los que creen (también de su propio partido, o de alguna de sus ramas, signifique esto lo que signifique) que los daños estructurales en la defensa numantina del gobierno empiezan a comprometer seriamente la estabilidad del edificio. Lo de Zapatero, se sustancie o no, comporta el daño del nombre que abre periódicos y telediarios, porque (y eso Feijóo lo subrayó a las primeras de cambio) estamos ante una de las referencias morales de Sánchez. Bueno, al menos, una gran referencia política. Y también de toda una generación de la izquierda, por qué no decirlo, que podría denominarse la Generación ZP.
Zapatero ha sido el expresidente de la izquierda que más se ha implicado en el presente: lo hizo hace pocos días en las elecciones andaluzas. Aunque su presidencia recibió duras críticas, por no advertir el peligro de la crisis económica, se dijo entonces, poco a poco alcanzó reconocimiento, desde luego mucho más entre los suyos, un papel fundamental en la recuperación de la izquierda como inspirador de jóvenes (se dice que Zapatero ha sido, incluso, mucho más un referente sentimental que político), alejándose sin ambages del socialismo felipista. Zapatero, basta la hemeroteca para comprobarlo, siempre ha estado ahí: dedicado al activismo, sin miedo a lo que parecía, y parece, la inevitable derechización en los tiempos que corren. No faltan analistas que han visto en Zapatero sobre todo a un personaje incómodo, una china en el zapato, incluso más que Sánchez, para certificar el giro político que desea la derecha, sin poder evitar una atmósfera de cierta ansiedad, un giro al que siempre le faltan unos pocos votos. Esos votos que ahora demanda Feijóo a los coaligados con Sánchez, que también se resisten.
A la espera de que amaine el oleaje (que casi haría naufragar a cualquier Ulises), Sánchez se mantiene agarrado al timón y espera alcanzar Ítaca en 2027, aunque arribe exhausto, tendido sobre la arena de la playa. Hay alguien que emerge todo el rato de las aguas: Rufián en su nuevo papel aglutinador, proveedor de embarcaciones rápidas, como un Alcínoo republicano. Suceda lo que suceda, lo que ahora envuelve todo es una rara atmósfera de orfandad.
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