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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

El declive exterior de Zapatero

No sé cuándo ni por qué José Luis Rodríguez Zapatero decidió dar el salto de lobista a presunto conseguidor y comisionista; es decir, de abanderar los intereses de una empresa o sector, a tratar de obtener, gracias a su influencia frente a una administración pública (ya sea la SEPI y el Consejo de Ministros en España, o el régimen chavista y el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil en Venezuela), un beneficio económico propio o para un tercero. Pero lo cierto es que el auto del juez José Luis Calama describe una serie de indicios que apuntan más a un presunto tráfico de influencias y blanqueo de capitales, que a una mera actividad de “asesoramiento” y “consultoría estratégica”. No tenía Zapatero más que leer los artículos 286 ter. 429 y 430 del Código Penal, para darse cuenta de que sus obras y acciones le estaban abriendo las puertas del juzgado.

Todos estos actos ilícitos, además, si se llevan a cabo a través de una estructura organizada y jerarquizada tanto en España como en Venezuela, China, Emiratos Árabes Unidos y hasta EE.UU., pueden indicar que estamos ante organizaciones “criminales”, que suelen incurrir en esa “falsedad documental” que deriva de empresas pantalla, sociedades instrumentales y estructuras ‘offshore’. Pues bien, ésta es la línea de investigación que ha seguido la Fiscalía española anticorrupción como consecuencia, por un lado, de la información recibida del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. Refiere a mensajes que salpican a Zapatero detectados en el móvil de un exdirectivo de Plus Ultra. Por otro, Anticorrupción recibió dos comisiones rogatorias de las fiscalías francesa y suiza tras una investigación internacional centrada en una organización criminal dedicada a blanquear el dinero procedente de Venezuela.

Se sospecha de la figura de Zapatero; hasta el punto de apuntar a que quien quisiera comprar petróleo venezolano tenía que pasar por el expresidente español y su “boutique financiera”; que actuaba como una especie de filtro también para empresarios chinos; y con Dubái (además de Miami o Panamá) como epicentro del desvío monetario. La red operaba en Venezuela, EE.UU., China, Emiratos Árabes Unidos, España, Suiza, Panamá, Colombia, Marruecos, Cuba, República Dominicana, etc. Por eso en el auto (páginas 7 a 51) aparecen tantos y tan diversos nombres, y conexiones con los contextos fiscales y societarios más opacos del mundo.

Zapatero ya fue vinculado a la corrupción chavista por el ex director general de Contrainteligencia Militar, ‘El Pollo’ Carvajal, juzgado por narcoterrorismo en EE.UU. Quizá también la imputación en Miami de Alex Saab (testaferro de Maduro), por desvío de dinero de la venta de cupos de petróleo y del CLAP (el programa chavista de cajas de alimentos), haya sacado a la luz otros vínculos con Zapatero. Y tampoco ayuda la actitud ‘prochavista’ del expresidente español; a quien se acusa de frustrar la transición en Venezuela y proteger el régimen de Maduro. Lo ha sugerido el subsecretario de Estado Christopher Landau (quien movió ficha para retirarle el visado de entrada a EE.UU.); y también, en 2020, Michael Kozak, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. La negativa de Zapatero a catalogar de fraudulentos los resultados electorales de Venezuela en 2018 y 2024; su mediación para forzar la salida del opositor Edmundo González Urrutia; su interés en reunirse con Delcy Rodríguez en Madrid vía Barajas; y su deseo de ver a Delcy como sustituta continuista de Maduro, y ser incapaz de felicitar a María Corina Machado por el Premio Nobel de la Paz, juegan en su contra.

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