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Opinión | FIRMA INVITADA

Profesor emérito de la USC

¿Cuál es la base de la Conciencia?

Esta pregunta ha sido realizada a lo largo de la historia por los hombres por que es algo distintivo de la especie humana. Santa Teresa y Descartes son dos ilustres que exploraron las posibles contestaciones a la pregunta. Santa Teresa en su libro El castillo interior (Las moradas) presenta a la conciencia como un castillo interior cuyas moradas se recorren en un viaje interior hacia lo más íntimo de uno mismo que ella realiza desde su experiencia contemplativa. Su libro fue un best seller en su momento y probablemente fuese conocido por Descartes quién con su «pienso luego existo» explora su interioridad pero esta vez a través de la lógica racional. Estas dos diferentes maneras de ver la conciencia han seguido hasta nuestros días.

El desarrollo experimental del cerebro y de estudiar la conciencia ha sido espectacular en las últimas décadas. Este desarrollo ha llevado a intensificar la tensión entre los dos aspectos señalados anteriormente. Una de las polémicas entre el físico neurocientífico Koch investigador destacado del campo y el filósofo Chalmers sobre no solo cómo el cerebro procesa información, sino porque ciertos procesos físicos dan lugar a una experiencia subjetiva. Koch contesta desde la neurobiología, mediante mapas de la actividad cerebral, midiendo correlaciones entre neuronas y construyendo métricas empíricas, mientras que Chalmers sostiene que ninguna cantidad de datos observables es suficiente para explicar el porqué profundo de la experiencia consciente. En otras palabras, la experiencia consciente no es un fenómeno que pueda medirse objetivamente y que hay algo en ella que escapa al método científico. En 1998 apostaron que si 25 años después se habría identificado un conjunto de correlaciones neuronales que explicasen la conciencia visual. Koch perdió como admitió públicamente. La ciencia había hecho grandes avances, pero no tanto como para cerrar el misterio.

La Ciencia ha seguido haciendo avances teóricos y experimentales. El advenimiento de los modelos de inteligencia artificial como chatGPT o Claude han intensificado el debate. Estos modelos son capaces de expresar (simular) introspección, participar en conversaciones generando respuestas coherentes que para muchos parecen conscientes. Sin embargo, esta es una conciencia simulada, no tienen intencionalidad, ni autoconciencia, ni una imagen del mundo. Son, simplemente, formidables autómatas estadísticos.

Uno de los padres fundadores del llamado deep learning, G. Hinton, premio Nobel de Física por sus contribuciones fundamentales para el desarrollo de redes neuronales profundas, ha expresado los peligros de construir sistemas que parecen inteligentes, pero que carecen de comprensión humana y de responsabilidad humana.

En realidad una mente que no se abre al otro, que no actúa con responsabilidad y vulnerabilidad, no es realmente consciente.

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