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Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

Muertos en acto de servicio

María Jesús Montero se definió como “La mujer con más poder del conjunto de la democracia española…, encantada de renunciar a esos cargos para concurrir a las elecciones andaluzas.” Arrogancia y una pizca de falsa humildad.

Calificó la muerte de los dos guardias civiles como “accidente laboral”. Ante el reproche generalizado, habló de acto de servicio. En una entrevista en la cadena SER, trato de exculparse con un galimatías: “No tengo conciencia de haberlo dicho, estaba respondiendo a Maíllo que había hablado de los accidentes laborales…, entiendo que alguien haya podido asociarlo…Yo no tengo criterio para nada, para calificar técnicamente el suceso.” La oímos, pero nos equivocamos. Soberbia.

La ausencia de ministros en las exequias, agravó la situación. La señora Montero, cabizbaja, con semblante compungido, vio pasar los féretros de Jerónimo y Germán a hombros de sus compañeros y, en el caso de Germán, de su esposa, Luisa, también agente de la Guardia Civil. Conmovedora escena en la que la viuda era confortada por un veterano compañero lloroso que apoyaba la mano en su hombro.

Mineros, personal de vuelo, ferroviarios, artistas, toreros, bomberos, Ertzaintza, Mossos, Policía Foral, son profesiones de riesgo para la Seguridad Social. Policía Nacional y Guardia Civil, no, pese a enfrentarse a delincuentes pertrechados con toda clase de armas, vehículos, material de comunicación y otros medios, gracias al río de dinero que manejan, por ejmplo los narcotraficantes.

Aunque en la última década las asignaciones presupuestarias para personal y material de la Guardia Civil se han incrementado, resultan insuficientes ante el crecimiento desmesurado de los medios utilizados por la delincuencia organizada.

Gobierno y poder legislativo deben poner remedio a tan flagrante discriminación, de forma urgente.

Entre 2016 y 2026, según datos de las asociaciones profesionales, han muerto en acto de servicio más de 50 guardias civiles. Expreso mi reconocimiento a los fallecidos, compañeros y familiares, así como el deseo de que reciban medios suficientes para seguir defendiendo a la sociedad española y para protegerse ellos mismos.

En cuanto a la señora Montero, ya ha recibido la opinión de la mayoría de andaluces acerca de su poderío.

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