Opinión | Cifras y letras
Si no estás en los datos, no existes
No hace mucho formé parte de un jurado de iniciativas emprendedoras basadas en inteligencia artificial. Había una treintena de finalistas y mi voto fue para un proyecto titulado Adagio. No ganó, ni quedó entre los tres primeros, pero para mí no solo era el mejor, sino que me agitó el pensamiento. Lo presentaron dos jóvenes, y una de ellas era Marta Senent Ramos, una emprendedora y divulgadora de Castellón, doctora en accesibilidad, inclusión y tecnologías basadas en inteligencia artificial aplicadas a la comunicación. Ella es, de hecho, la CEO de Adagio, una empresa basada en IA para reconocer habla atípica -por ejemplo, la de personas con parálisis cerebral, como es el caso de la propia Marta, o que tienen otras alteraciones del habla- y convertirla en texto o habla más comprensible para terceros y también para las máquinas.
Adagio nació de la propia experiencia y necesidad personal de Marta, y de una realidad en la que yo no había pensado antes de conocerla a ella: los modelos de IA para el reconocimiento de voz no están diseñados para reconocer voces atípicas, como la suya. Marta habla de un modo comprensible para los demás, y ni siquiera así los sistemas de reconocimiento de voz existentes la entienden. Personas como Marta tienen además dificultades para escribir, incluso usando un teclado, por lo que el mundo de las máquinas que manejan el lenguaje natural y que podrían ser de gran ayuda para ellas, no está a su alcance como debería.
Cuando nos hablan de eliminar barreras de accesibilidad solemos pensar en que se trata de eliminar barreras físicas, poniendo rampas, ascensores, aceras adaptadas o accesos habilitados para personas en silla de ruedas o con dificultades de locomoción. Sin embargo, la accesibilidad es mucho más amplia: hay barreras cognitivas cuando la información es compleja o poco clara para ciertas personas; barreras sensoriales, cuando la información solo es visual o sonora, de modo que excluye a personas con discapacidad visual o auditiva; barreras tecnológicas, cuando la tecnología excluye de su uso o utilidad a personas como Marta, en la medida en que los modelos de IA son entrenados solo con datos de personas con perfiles “normativos” o típicos.
Nuestro mundo es ya un mundo de máquinas, cada vez más presentes, cada vez más capaces e inteligentes. Por tanto, no tener acceso a las tecnologías o ser directamente excluido por ellas supone quedar al margen de una parte creciente del mundo digital, que es cada vez más el mundo en el que trabajamos, nos formamos e informamos, interactuamos con familia y amigos, atendemos a nuestros problemas de salud o disfrutamos de contenidos de ocio.
Marta es una persona extraordinaria: muy inteligente, emprendedora, alegre y con una vitalidad inagotable. Con Adagio intenta que la tecnología no deje al margen a personas cuya habla es atípica. Como ella misma nos recuerda con su ejemplo, la IA no debe centrarse solo en automatizar, ganar eficiencia y productividad, sino también en ganar en inclusión y en aportar autonomía personal a todas las personas. A todas.
Coincidimos recientemente en un evento en el que Marta dijo una frase que resume muy bien la paradoja de este mundo en el que se nos dice con frecuencia que los datos son el petróleo del siglo XXI: “Quién está fuera de los datos, está fuera del sistema”.
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