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Opinión | Global-mente

Periodista

La armadura antimigrantes de la Unión Europea

La gran ola del tsunami desatado por la subida -un 25%- de la extrema derecha en las europeas de 2024 ha llegado. El pasado marzo volvió a cosechar un triunfo gracias al PPE que de nuevo votó (antes fue contra el Pacto Verde) con los de Le Pen, Meloni y Alice Weidel (AfD) en el Parlamento Europeo para aprobar el Reglamento de Retornos. El 1 de junio fue sellado a toda prisa por el PE, La Comisión Europea y el Consejo Europeo. El reglamento endurece el Pacto Europeo de Migración y Asilo (PEMA) que entra en vigor el 12 de junio.

Vayamos por partes porque la UE es experta en embarullarlo todo de tal manera que los ciudadanos no nos enteramos de nada hasta que es, ¿demasiado tarde?

El origen es la crisis migratoria de 2015 que, huyendo de la atroz violencia en Siria y Afganistán, trajo un millón y medio de refugiados a Europa. Las costuras de la UE casi revientan con las disputas internas, recordemos la acogida de Merkel y bloqueo de la frontera húngara de Orbán. En abril de 2024 el PE aprobó el PEMA, que seguidamente fue ratificado en el Consejo Europeo (los Estados). El objetivo es reforzar los controles en las fronteras exteriores de la UE, acelerar las expulsiones de las solicitudes de asilo rechazadas y gestionar la reubicación de migrantes con un sistema solidario con los países receptores con frontera exterior.

De modo que el PEMA establece un control fronterizo unificado de las personas que llegan irregularmente a la UE y en una semana se fija su estatus jurídico. El trámite de asilo se reduce a 12 semanas y se lleva a cabo en las instalaciones fronterizas. Las personas que vienen de países con baja tasa de aprobación, o sea considerados seguros, son rechazadas y expulsadas inmediatamente.

Otro pilar del PEMA es el sistema de solidaridad obligatoria pero flexible entre los Estados de la UE. Todos pueden elegir entre acoger a los solicitantes de asilo o pagar una cuota de 20 000 euros por persona rechazada.

El PEMA incluye un mecanismo de gestión de crisis migratorias que permite a los Estados miembros endurecer las normas ante oleadas de refugiados o guerras híbridas que utilizan la migración para hostigar a la UE.

Todo ello se refuerza con el Eurodac (European Asylum Dactyloscopy) que recopila los datos del control biométrico de los migrantes irregulares mayores de 6 años (antes 14 años) en la frontera. Esta megabase permite detectar si una personas solicita asilo en varios países o si es una amenaza para la seguridad.

¿Cómo evitar la acumulación de recursos en la frontera? Pues, la expulsión no se suspende con el recurso; se recorta el plazo para recurrir a 5 o 10 días y se abre la posibilidad de crear los controvertidos centros de retorno fuera de la UE. Además el Reglamento de Retornos obliga a los Estados a perseguir a los migrantes que no cooperen con una serie de sanciones que llegan a la privación de libertad de 24 meses por riesgo de fuga y hasta 30 meses por falta de cooperación.

Para el Comisario de Interior y Migración, el austríaco Magnus Brunner “estamos poniendo orden en nuestra casa europea”; para la eurodiputada Verde francesa Melissa Camara, “es un arsenal legal al servicio de una ideología xenófoba”; y para el eurodiputado euroescéptico sueco, Charlie Weimers, “la era de los retornos ha comenzado”.

Estamos avisados. El tiempo dirá si veremos en Europa actuaciones infames como las del ICE en EEUU.

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