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Opinión | BUENOS DÍAS Y BUENA SUERTE

Profesor titular de Universidad

Las crudas batallas por el poder

Hay una gran batalla por el poder en este país, una batalla que brota como una fuente extraña en los medios de comunicación: es un sinvivir diario que a algunos les parecerá algo semejante a los programas de entretenimiento, pero que, en realidad, produce desaliento y cansancio. La gente está llegando a un nivel insufrible de saturación por culpa del ruido y la furia. Esta lucha feroz se manifiesta cada día en los titulares, a la hora del desayuno. Un amigo dice, sin mala intención, que esto le parece la carrera de los autos locos. Los titulares son como el epicentro de los sismos, el lugar de la superficie donde afloran los daños de lo que se remueve más abajo. Porque hay algo profundo, o eso parece, esas oscuras raíces que se retuercen, aunque vemos más bien lo que brota en la piel de las tertulias (los rompeolas mediáticos), en las idas y venidas de los juzgados, en los mensajes filtrados una y otra vez, con esa rara apariencia de normalidad con la que se filtra el café de las mañanas.

La lucha es encarnizada. Una auténtica pelea en el barro, dicen algunos. Sin elegancia ni miramientos. A la yugular. La democracia empieza a contagiarse de ese mal clima que ya ha llegado a otros puntos del planeta, y que algunos celebran, estúpidamente, como el triunfo de la fuerza sobre la razón. Ya ven lo que pasa en Estados Unidos: difícil volver atrás cuando ya has perdido el sentido común y sólo te queda el dudoso alimento de los mensajes escritos por unos cuantos cantamañanas. Lo que parece claro es que el poder (y la gloria) es algo muy deseable, por lo que sea. Y, por unas horas, me aparto de esta sorda batalla de irrefrenable ansia de poder que está asolando este país, y me fijo en las elecciones del Real Madrid, que funcionan como una alternativa a la política tradicional. Ahí el poder también atrae con sus frescos racimos. Pero entiendo que las consecuencias de ese infinito deseo de mandar serán menos determinantes que en la política real.

Aunque, alguien me recuerda aquí al lado, todo es política. Sigo con fascinación la batalla entre Florentino y Riquelme, que, vista desde la infinita distancia, tiene algo de una pelea de gallos o de dos machos alfa, que se han aventurado en el mismo corral. Estamos acostumbrados últimamente a la lucha entre millonarios, quizás porque ellos tienen más fácil acariciar la piel dorada del poder. También en la política (y hay que volver a Trump, qué se le va a hacer, y a sus acólitos de la tecnocracia) el dinero se alza a veces como la gran herramienta, aunque a la democracia se le atribuye la maravillosa capacidad de hacer presidente o gobernante al más humilde y al más pobre de los ciudadanos. En fin. Habrá que creerlo. Lo cierto es que en el fútbol se admite que la pasta es imprescindible para llegar a la cumbre. Si quieres hacerte con una pieza de caza mayor, dicho sea sin ofender, como puede ser un gran club, tienes que venir con una buena dote. O eso me parece.

Florentino, al que algunos llaman cariñosamente Tito Floren, y al que otros compararon con un dios, ha dirigido el Madrid durante muchos años, acumulando títulos que él mismo se encargó de enumerar varias veces la otra noche ante Iker Jiménez. Que fuera a su programa me pareció un guiño al fútbol galáctico o extraterrestre, si me permiten la broma, pero lo cierto es que Riquelme, su contendiente, no se queda atrás a la hora del puedo prometer y prometo, como le hizo decir Fernando Ónega a Adolfo Suárez. Y, de paso, Riquelme se acercó a otro Iker: Casillas.

Esta pelea, más inocua (creo) que las luchas que estos días empañan la acción política de este país, sirve como una realidad alternativa, como una forma de huir de la realidad real, para irse a la realidad Real Madrid, más llevadera. Puede que a algunos este encontronazo entre millonarios les traiga sin cuidado, pero no deja de tener gracia cómo a golpe de talonario ofrecen los servicios de grandes leyendas, ya sea del pasado (el imprescindible reconocimiento del héroe) como del presente, ya sea Mou o el tal Haaland (algunos han desmentido esta última posibilidad: vaya usted a saber). Imagino que hacerse con la poltrona del Madrid es, mutatis mutandis, tan atractivo como hacerse con el poder de un país, Afortunadamente, de esta batalla no creo que se deriven graves daños, gane quien gane. De la otra, de la batalla que se disputa sobre la piel de la democracia, ya tengo más dudas.

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