Opinión | Global-mente
Francia tiene un problema con las mujeres y la infancia
Del sobresalto a la indignación, así vive la sociedad francesa desde 2024 cuando se dio de bruces con los demonios que viven en su seno sin hasta entonces apercibirse. Fue cuando la valerosa Gisèle Pelicot renunció al anonimato y decidió que toda Francia supiera lo que le había hecho su exmarido, Dominique Pelicot. Él fue condenado a la pena máxima, 20 años de cárcel, y sus 50 violadores a penas de 3 a 15 años. Las mujeres la entendieron enseguida cuando proclamó: “que la vergüenza cambie de bando”. Y fueron muchas las que siguieron la consigna y denunciaron los abusos, acosos y violencia sexuales que habían padecido en silencio, sin atreverse a denunciar, en el pasado.
Gisèle Pelicot contribuyó además a hacer avanzar la legislación con la modernización, en 2025, del Código Penal francés que puso el consentimiento en la esencia del delito de violación. Había que recuperar el retraso respecto a otros países, dar respuesta a las demandas feministas y sobretodo de aquellas mujeres víctimas que clamaban en el desierto.
Y algo cambió, en la Justicia y en la sociedad. Sin ir más lejos, el 10 de junio el cantante y actor Patrick Bruel fue imputado por delitos de violación, agresión y acoso sexual cometidos entre 2008 y 2019, aunque algunas de las cerca de 30 denuncias se remiten a 1992 y 2008 y están en revisión de prescripción. Durante años el cantante pudo actuar con impunidad protegido por su popularidad, la sumisión de las mujeres y el silencio del mundillo artístico. Eran chicas jóvenes, maquilladoras, masajistas, periodistas, apabulladas por un monstruo sagrado de la escena. Bruel lo niega todo. La Justicia decidirá.
Pero hay más y más doloroso porque se trata de la infancia. El escándalo de los abusos sexuales, físicos y psíquicos en guarderías y escuelas de preescolar y primaria de París estalló en mayo cuando la Fiscalía abre una investigación en más de un centenar de centros. Los delitos son tan graves que el Ayuntamiento de París tuvo que apartar de sus puestos a 78 empleados, de los cuales 31 están detenidos. El macrocaso puso en evidencia la desprotección de la infancia por parte de la autoridad.
Un fracaso estrepitoso como delata la violación y asesinato de Lyhanna, 11 años, cuyo cuerpo fue hallado el 4 de junio. El sospechoso, Jérôme Barella, nunca había sido detenido o interrogado por la policía pese a múltiples acusaciones contra él por actos de violencia sexual contra menores. La madre de otra niña lo acusó en 2025 de haberla violado en su casa varias veces sin que nadie pestañeara. Ahora va a demandar al Estado, a dos fiscales y al ministro de Justicia, Gérald Darmarin, que antes lo fue del Interior, por falta grave.
El drama de Lyhanna ha desatado un seísmo en la magistratura, a la que el ministro Darmarin acusa de faltas profesionales y algún penalista de perezosa.
En la calle las mujeres hierven de indignación, hartas de la violencia machista y del nulo caso que se les hace. Piden a gritos que se apruebe ya la proposición de Ley 2169 de protección integral contra la violencia sexista y sexual. Todos los lunes se manifiestan en toda Francia, y poco a poco se van sumando hombres. Sin ellos, por mucha ley que se apruebe y por mas policías que haya, la sociedad no podrá erradicar la violencia sexista y ofrecer a sus hijos e hijas una infancia feliz, sin ogros ni cocos.
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