Opinión | La lectura y los libros
Contra el teletrabajo
Son jóvenes de esta época. En sus trabajos a menudo comparten jornadas presenciales con otras en las que trabajan desde casa, conectándose por internet. Yo creo que si algo necesitan es salir cada día por la mañana y tratar con otras personas.
Además, ha llegado la IA. El teletrabajo tiende a reducir nuestra labor a los textos o las cifras que producimos, y me parece que eso puede animar a los empleadores a sustituir personas por programas de IA. El trabajo humano debería ser siempre algo más, donde cuenten pequeñas cosas casi inefables: aportar una idea a la actividad común, animar a un compañero y muchas otras minucias.
Por no hablar de que buena parte de las relaciones de pareja estables, incluyendo esas antiguallas llamadas noviazgos y matrimonios, han surgido en el trabajo, cosa de la que puedo dar fe.
Más allá de estos barruntos, empiezan a publicarse algunos trabajos de psicólogos académicos que relacionan el teletrabajo con un empeoramiento de la salud mental, de por sí deteriorada en nuestra sociedad; pero ya se sabe que se publican trabajos de todo tipo.
Sé que los teletrabajadores no suelen tener en su casa bebés que puedan incordiar; si acaso, un perro u otra mascota. Espero que sí dispongan todos de un habitáculo cómodo, con elementos adecuados: silla, ordenador de sobremesa y demás; los portátiles terminan sobrecargando las cervicales.
En fin, el hecho es que muchos jóvenes están contentos con la opción —sobrevenida, más raramente elegida— de no acudir al centro de trabajo algunos días y laborar desde casa. Yo me pregunto si, en no pocos casos, una parte de la ventaja no estará también en la posibilidad de alargar fines de semana, viajar o vivir en una especie de disponibilidad intermitente.
Sin embargo, probablemente no deban hacerme mucho caso. Tras concluir este texto se lo he enseñado a mi asistente digital, la IA Claude, y opina que tiene cosas buenas, pero «el cierre conspiranoide sobre los viajes atribuye motivaciones ocultas sin evidencia y debilita el resto del argumento». Nunca es tarde para saber que uno es conspiranoico. Procuraré no decirlo mucho por ahí; sin duda pronto inventarán una pastillita para tratar a la gente como yo.
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