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Opinión | Posdata

Doctor en Economía

Se reconoce lo que se merece

En Facebook, poniéndolo entre comillas, dicen que el juez Marchena dijo que «una sociedad no puede sobrevivir sin confiar en sus jueces». Y yo estoy, debo decirlo, completamente de acuerdo con él, aunque lo diría de otra manera: «una sociedad democrática no puede sobrevivir sin confiar en sus jueces». España ya lo sabe.

Con todo, no dándole al matiz ni más ni menos importancia de la que tiene, quisiera yo añadir una pregunta acerca de a quien corresponde en mayor medida la responsabilidad de sembrar primero y recolectar después la referida confianza. Mi abuelo, refiriéndome a él para no parecer más moderno de lo que soy, decía que «el amor con amor se paga». También se podría decir que se gana. Supongo que, trayendo tal aviso a la tribuna, el juez Marchena también estará de acuerdo conmigo en que la confianza que los ciudadanos podamos tener o no tener en la justicia son ellos, los jueces, los que se la tienen que merecer, ganársela, para que se les pueda luego pagar, como si fuera amor merecido. Se reconoce lo que se merece, nada más.

Pues bien, yo le diría ahora al señor Marchena que somos muchos, seguramente demasiados, los españoles que tenemos que hacer un esfuerzo grande para entender serenamente los comportamientos y resoluciones de muchos jueces. Demasiados los que vemos dañinos desvíos políticos en todo ello. Más de lo conveniente los que no siempre nos sentimos capaces de confiar en la imparcialidad y clara voluntad de muchas de las más difundidas actuaciones de algunos, también demasiados, jueces. En esto al menos me entenderá. No digo que esté de acuerdo, aunque si así no fuese, el mero hecho de que tuviésemos que discutirlo, también horadaría la confianza ciudadana en la justicia.

Y oiga: puede usted ver que, para decir esto que digo, no he nombrado a nadie, acusado o exculpado, para no tener que entrar tampoco a opinar sobre la oportunidad o coincidencia mediática y política de ciertas decisiones judiciales, según a quien afecten o el momento en que se propagan. Como para confiar, pues, está la cosa.

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