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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

El juego de Trump con Sánchez

No sé si Donald Trump cambió sus declaraciones y su opinión sobre el Gobierno español porque le facilitaron los números del balance comercial entre Estados Unidos y España, y las cifras oficiales de nuestro gasto en Defensa, o si lo hizo porque se enteró del disgusto de Begoña Gómez por no haber podido obtener un permiso judicial para asistir a la cumbre de la OTAN en Ankara, pero sí para acudir a la graduación de su hija en Londres. En ese sentido, alguien debería haber explicado a Sánchez y a Trump que, si la esposa del presidente pretende ser igual que los demás ante la justicia, lo primero es reconocer que, efectivamente, entre España y Reino Unido existió un Tratado de Extradición en vigor desde 1986 que, tras el Brexit, asienta sus bases jurídicas en un Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la UE y el Reino Unido que mantiene un elevado grado de colaboración judicial y policial. Del mismo modo, es justo aclarar que entre España y Turquía no existe este tipo de tratados bilaterales. Lo único que rige es un antiguo Convenio Europeo de Extradición de 1957, y un Convenio de Cooperación en la Lucha contra la Delincuencia de 2009, que no contempla extradiciones por delitos que se puedan justificar como políticos, o que no demuestren el principio de doble incriminación.

Sea como fuere, la decepción de Trump con Sánchez es evidente; casi tan innegable como la animadversión y el odio que nuestro presidente y sus socios de investidura y de Gobierno proyectan sobre EEUU en general, y sobre su mandatario en particular. Esta desconfianza y recelo mutuos le estaba reportando grandes beneficios a Sánchez. Le ayudaba a desviar la mirada sobre los casos de corrupción que lo rodean a él, a sus allegados, a su Gobierno, y al PSOE. Ser el antagonista de Trump supone para el inquilino de La Moncloa una magnífica cortina de humo; lo suficientemente espesa como para eclipsar tantos procesos judiciales adversos. Y quizá por eso también cambió el neoyorquino su oratoria hacia el Ejecutivo español. Aun así, e independientemente de las ‘lógicas’ exigencias económicas y de inversión en seguridad y Defensa, así como los ‘ilógicos’ exabruptos de Trump, es innegable que Sánchez ha puesto en serio riesgo miles de millones en inversión estadounidense en España cada vez que ha atacado al gran aliado americano, lo cual podría suponer la ruina para cientos de empresas y familias españolas; un dato que no parece haberle importado a Sánchez a lo largo de un mandato en el que ha pretendido presentarse como el azote de la izquierda occidental contra el máximo representante de la gran potencia norteamericana.

Pero claro, como la mentira y la impostura siempre se terminan descubriendo, por fin supimos que, al igual que en la cumbre de la OTAN de La Haya (cuando Sánchez firmó el compromiso de destinar en 2035 el 5% del PIB a Defensa), también en Ankara el equipo del presidente español estaba firmando compromisos destinados no sólo a seguir aumentando nuestra inversión en armamento y Seguridad, sino incluso a llevarla a cabo con contratos con el sector industrial y militar estadounidense. De ahí ese súbito cambio de actitud de Trump, que pasó de hablar de «mala gente», a decir que «España dio marcha atrás» y que «fue muy generosa». Así pues, misterio resuelto. En esta ocasión, la aparente doble personalidad de Trump estaba más que justificada. Y el engaño de Sánchez quedaba al descubierto, pese a esos malabarismos que usa su Gabinete (manipulando partidas, y evitando el control parlamentario y presupuestario) para disimular su compromiso con las exigencias de Trump y de la OTAN.

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