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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

El plan de Trump para Venezuela

La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero en el marco de la operación Determinación Absoluta de la Administración Trump apenas duró cuarenta minutos. Inmediatamente después vino su extracción a Nueva York, su reclusión en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, y su comparecencia ante un tribunal federal de Manhattan. Todo ello fue muy rápido, en apenas un par de días. Pero esta celeridad inicial se ha ido moderando con el paso de las semanas. Y la transición política en Venezuela se sigue haciendo esperar. Lo peor es que todavía hoy figuran al frente del Gobierno venezolano los mismos que, debido a su ánimo de lucro y nefasta gestión, llevaron el país a la ruina, usurpando sus instituciones y ejerciendo una tiránica represión contra todo aquel o aquella que osase cuestionar la idoneidad de un Ejecutivo de todo punto ilegítimo (especialmente tras las elecciones del 28 de julio de 2024).

Tanto Donald Trump como su secretario de Estado Marco Rubio aseguraron desde el primer momento que el cambio era imparable en la República Bolivariana. Pero lo cierto es que ver a Delcy Rodríguez como presidenta encargada todavía desespera tanto dentro del país, como entre esa inmensa diáspora que pide más determinación frente en un Ejecutivo supuestamente interino y de transición. Una trasformación que tarda demasiado en llegar, por mucho que entendamos que, como señaló el propio Marco Rubio, eran necesarias diversas fases para propiciar el cambio deseado. Pero la lógica continuidad Administrativa inicial en ministerios, infraestructuras de comunicación, e instituciones y empresas estatales, está durando demasiado. Y tampoco parece que el diálogo con el poder duro de los militares, con el servicio de inteligencia SEBIN, y con los colectivos afines al régimen, vaya mucho más deprisa.

Semeja que la estabilización institucional está asegurada, así como el funcionamiento de la industria petrolera y ciertos servicios básicos. También la paulatina apertura de la economía venezolana, y la colaboración energética con EE.UU. Pero urge dar un paso más (además de reparar la devastación de los recientes terremotos), con una reforma del Consejo Nacional Electoral, y un calendario electoral claro que facilite y estimule la participación de las fuerzas opositoras y la fiscalización internacional. Sólo así Trump logrará otro de sus grandes objetivos, que no es otro que alejar a Venezuela del círculo de influencia de Rusia, China e Irán. En este sentido, es de celebrar el anuncio de un nuevo proceso formal de negociación que prevé iniciar en apenas unos días, este mismo 1 de agosto.

Adelante, pues, con esa reconciliación nacional que tanto se cita. Aunque no entiendo por qué María Corina Machado, a la que la mayoría social apoya y fue elegida ya en mayo en Panamá por la Plataforma Unitaria y por otras organizaciones políticas para tal fin, no participa en unas negociaciones en las que sí están presentes aquellos que usurparon ilegalmente el poder y las urnas, como Delcy y Jorge Rodríguez. Esperemos que Dinorah Figuera, expresidenta de la IV Legislatura de la Asamblea Nacional Venezolana desde 2023, perseguida por el oficialismo, y exiliada en España, sea capaz de favorecer una transición ordenada, justa y democrática. Sólo así podrá Venezuela recuperar el progreso y la libertad que le fueron robadas por quienes todavía habrán de ser juzgados por la historia y por los tribunales nacionales e internacionales. Entretanto, ahora, como reza el Manifiesto de Panamá, toca acelerar el proceso de “estabilización, reconstrucción y transición”.

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