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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Frustración y esperanza en Cuba

Nuestros hermanos cubanos se debaten entre la frustración y la esperanza. Frustración por las difíciles condiciones de vida que tienen que sufrir, acrecentadas por una presión de la Administración estadounidense destinada a provocar una renuncia o un cambio de régimen; y que constituye, eso sí, una esperanza para la mayoría social. Los apagones se siguen multiplicando, provocando el colapso de servicios esenciales como el suministro de agua. Pero el Gobierno despótico y errático que dirige la ‘perla’ del Caribe desde hace siete décadas se resiste a renunciar al inmenso poder que ha ido acumulando. Ahora la crisis ha llegado a un límite que era fácil de prever. El combustible brilla por su ausencia, la electricidad y la energía han desaparecido prácticamente de la Isla. Ya no es posible ni dormir en las casas debido al calor. Esto ha generado un estado de desesperación y ansiedad generalizado en la población. Los servicios médicos, impotentes, observan cómo las enfermedades relacionadas con la salud mental han aumentado exponencialmente. Es lógico, pues la ciudadanía no puede ni siquiera cobrar esas exiguas pensiones de apenas 4 euros al mes debido a la falta de liquidez de los bancos.

Frente a todo ello, el régimen empieza a debilitarse y a dividirse; y figuras como el ‘El Cangrejo’, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (nieto de Raúl), toman posiciones para una hipotética transición afín al actual statu quo; algo que no es visto con buenos ojos ni dentro de la Isla, ni por esa diáspora que recorre el mundo y se hace fuerte en Miami. 176 son las medias propuestas por el oficialismo para paliar la difícil situación de la República de Cuba. Comprenden iniciativas de apertura económica y fomento de la inversión extranjera. Y también prosigue el Gobierno con su disponibilidad a aceptar un mayor peso de la iniciativa privada. Pero todas estas reformas no terminan de convencer ni a los mercados ni a los empresarios ni a los emprendedores. Demasiado control todavía de la cornucopia del poder. Quizá por eso Washington define estos leves cambios como mero “humo” destinado a calmar a Trump y mantenerse en el poder.

Un ejemplo de esta desconfianza en el régimen, a la vez que de temor a las sanciones estadounidenses, es la fuga de los gigantes hoteleros, que abandonan la Isla con pocas esperanzas de regresar. Iberostar, Barceló y hasta Meliá, esta última tras 36 años, abandonaron sus negocios en la Isla. La falta de suministros, las dificultades para viajar al país por las restricciones aéreas, y hasta los pleitos tras la caída de régimen debido a las antiguas expropiaciones a los propietarios legítimos, juegan en su contra. Frente a ello, ahora son las cadenas estadounidenses las que se frotan las manos (Marriott, Hilton, Hyatt, Wyndham, etc.), confiando en ocupar el espacio dejado por las empresas españolas, y también canadienses como Blue Diamond. Incluso aerolíneas como American Airlines o Delta confían en subirse al carro. Es lógico. La costa cubana es la más extensa de las islas caribeñas (con cinco veces más kilómetros que la República Dominicana, y seis más que Jamaica). Habrá que ver cómo evoluciona la situación. De momento, el Pentágono y el secretario de Estado, Marco Rubio, no descartan nada, ni siquiera una intervención militar, sobre todo ahora que parece demostrado el espionaje cubano en EE.UU., la amenaza que supone para su Seguridad Nacional, la injerencia castrista en la política estadounidense (infiltrándose en el ala izquierdista del Partido Demócrata), y hasta la acusación de Washington a Cuba por “respaldar el terrorismo en EE.UU.”.

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