Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

La estrategia del nuevo ‘premier’

Reino Unido ya tiene nuevo premier. Es el séptimo de la era post-Brexit. Lo nombró Carlos III el pasado día 20 de julio. Sus declaraciones iniciales han sido para marcar objetivos. Lo primero es conformar un equipo con acento propio. Lo segundo, devolver la estabilidad a un país que arrastra problemas que ninguno de sus predecesores ha logrado resolver. Lo tercero, diseñar un nuevo modelo político, social y económico. Y lo cuarto es hacer todo ello con un plan a diez años. Con esto, el nuevo primer ministro británico da a entender varias cosas. Por un lado, que las reformas han de ser profundas y a largo plazo. Por otro, se cura en salud al darse un plazo amplio para poder llevar a cabo sus iniciativas. Aun así, asegura que «actuará con rapidez».

Todo ello lo plantea Andy Burnham desde una perspectiva laborista que escora el país más a la izquierda; pero una izquierda pragmática y comprometida. Pragmática porque, aun creyendo en la necesidad de la «transición energética», no renuncia a buscar una independencia y autosuficiencia que pasa por «aumentar la producción de petróleo y gas en el mar del Norte». Esto beneficiará los bolsillos de los ciudadanos, reducirá la dependencia exterior y propiciará las exportaciones de crudo. Pero su actitud también es de compromiso con el «abaratamiento del coste de la vida». Por eso ha decidido eliminar el IVA aplicado a la electricidad de los hogares, que en octubre pasará del 5% al 0%. Experiencia no le falta, pues ya demostró su pericia al frente de una alcaldía del Gran Mánchester que le llevó a ser definido como «el rey del Norte». Falta ver si es capaz de trasladar ese ímpetu gestor más allá de Downing Street, dotando de más medios y poder a las regiones.

Promete una descentralización inteligente; traspasando y transfiriendo competencias en ámbitos en los que la administración local pueda resultar más eficaz. Incluso trabaja en crear una «segunda oficina del primer ministro en Mánchester»; no tanto para mantener los vínculos con quienes lo impulsaron hacia Londres, cuanto para buscar un crecimiento equilibrado entre el norte y el sur de Inglaterra. Eso sí, ha dejado claro que esta confianza en la fuerza autonómica de Irlanda del Norte, Gales o Escocia no implica que esté pensando en regresar al marco de los referéndums de independencia. No es el momento; y por eso no hará nada para favorecerlo; ni siquiera modificaciones legales o constitucionales.

Desea que el dinero vuelva «al bolsillo de los ciudadanos», lo que fomentará el consumo interno y devolverá «la esperanza» a tantas familias endeudadas y sometidas a una inflación a la que le cuesta bajar del 2,8%, pese a las críticas del Banco de Inglaterra. Para ello se necesitan más reformas fiscales y económicas. Habrá que ver cómo las gestiona para no provocar una reacción social adversa que favorezca a la extrema derecha de Reform UK. La delincuencia y la indigencia están también en la diana de un premier que promete reforzar la asistencia social y el Servicio Nacional de Salud (NHS). Cabe preguntarse cómo lo conseguirá, sabiendo que también promete reducir los impuestos comerciales para pubs, salas de conciertos, cafeterías y negocios familiares, además de reducir los gravámenes sobre la renta, rebajar las tarifas del transporte en autobús, recuperar la propiedad pública de las empresas del agua y la energía, aumentar el gasto en Defensa hasta el 3% del PIB e impulsar la vivienda pública. De momento, ya ha soliviantado al sector financiero, pues coquetea con incrementar los impuestos a la banca. Toca, pues, esperar y ver cuánto es capaz de hacer.

Tracking Pixel Contents