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Opinión | Notas de actualidad

Profesor emérito de la USC

José María Díaz Fernández (1930-2025)

Quien fue deán y archivero de la Catedral de Santiago, ahora que ha pasado un año de su muerte, recibió un más que merecido homenaje, configurado por tres densos números de la revista Annuarum Sancti Iacobi. Si alguien quiere aproximarse a lo que ha sido su vida, a sus aportaciones bibliográficas, y a su encomiable labor al frente del Archivo Catedralicio, puede hacerlo leyendo los artículos, aquí recogidos, que llevan las firmas de María Elena Novás Pérez y de Arturo Iglesias Ortega. De su lectura se desprende que estamos ante un ejemplar canónigo, a señalar entre los más importantes con los que ha contado la iglesia compostelana en el último siglo.

Ya con 72 años dejó Santiago y volvió a su Mondoñedo natal. El robo del Códice Calixtino, en el año 2011, marcó, injustamente, su última etapa en Compostela, al frente de un Cabildo que recibió, teniéndolo a él como deán, al papa Benedicto XVI (noviembre de 2010), siendo, además, figura capital en el impulso al culto jacobeo; su comisariado de la exposición Santiago y América (1993) es, qué duda cabe, un exponente bien significativo en este sentido. Con él se pusieron en marcha tanto la Fundación como el Plan Director de la Catedral, que tantos y tan buenos frutos están dando.

En el amplio número de autores que se reúnen en los tres citados números de la revista del Archivo de la Catedral de Santiago —como también en los que componen una muy importante Tabula gratulatoria— hay implícito un reconocimiento a la labor de alguien que ha sembrado admiración y respeto entre los que lo hemos apreciado.

Lo conocí como archivero de la catedral, allá cuando él iniciaba su singladura en el cargo. Nada tienen que ver las instalaciones y medios con los que, entonces, contaba este Archivo y el que él ha legado. Su empeño al frente del cargo ha sido encomiable y quienes allí investigamos hemos sido tratados de forma deferente, siguiendo don José María, con interés, el resultado de nuestros hallazgos. Ahora que se le recuerda con este homenaje uno siente un cierto pesar —también tristeza— porque no lo haya recibido en esos trece últimos años suyos mindonienses, triste y aislado.

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