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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Un caos anunciado en Ceuta

Lo que está sucediendo en Ceuta es la crónica de un caos anunciado. Sorprendió, y mucho, la pasividad inicial del Gobierno de Marruecos. Resulta pasmoso y vergonzante que el rey Mohamed VI haya defendido “la seguridad y la estabilidad” de su país, así como las medidas de su Ejecutivo para mejorar las condiciones de vida de los marroquíes, al tiempo que se producía una fuga masiva de sus ciudadanos hacia Ceuta. Un hecho que el mandatario alauí no mencionó; como tampoco mentó las críticas de los jóvenes a las políticas del Gobierno de Rabat. En el Día del Trono, conmemorando el jueves sus 27 años al frente del país, Mohamed VI ha evidenciado su frialdad y sentimiento de superioridad ante España y frente a Pedro Sánchez.

Queda claro que la política de apaciguamiento, y la sumisión a Marruecos de nuestro presidente, no han funcionado. Mohamed VI se aprovecha de la debilidad del mandatario español, y de su amistad con la Administración Trump y con el Gobierno de Netanyahu para sacar pecho y marcar los tiempos. Se sospecha que el Reino Alauí posee datos sensibles del presidente Sánchez y de los ministerios de Exteriores, Defensa e Interior de España, obtenidos a través del programa Pegasus. Quizá por eso el Gobierno español toma decisiones unilaterales, como el cambio de posición sobre el Sáhara Occidental sin consultar ni informar al Parlamento, como el apoyo a los acuerdos de pesca de Rabat con la UE, o como la coorganización del Mundial de Fútbol con España y Portugal.

Entretanto, la imagen que proyecta España al mundo es terrible. Sorprende que el CNI no estuviese informado de este asalto multitudinario, de esta violación de la integridad territorial española (60.000 personas atravesando nuestra frontera en apenas 9 horas). ¿Acaso el CNI no controla Facebook ni TikTok? La reacción del Gobierno ha sido tardía también, pese a haber vivido algo semejante en 2021 tras la acogida del líder del frente polisario en un hospital español (recordemos que este pasado 20 de julio Pedro Sánchez visitó Argelia). Una mezcla de degradación y debilidad incluso para defender nuestras propias fronteras; unas lindes políticas y geográficas que no sólo afectan a nuestro país, sino al resto de Europa. Ya hemos visto cómo Francia refuerza la frontera con España; y la propia Giorgia Meloni propone suspender el espacio Schengen con nuestro país; una crítica que viene de atrás, desde que el Ejecutivo de Sánchez aprobó la regularización masiva de inmigrantes; un hecho que también fue criticado por la propia Administración Trump a través de la portavoz adjunta de La Casa Blanca, Anna Kelly.

Urge revisar la Ley Orgánica de Seguridad; y, sobre todo, la Ley de Extranjería, que debe ser modificada para poder contrarrestar desde el punto de vista jurídico la interpretación de la norma por parte del Tribunal Supremo (y antes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía), que sugiere que los llegados por vía marítima (a nado) no pueden ser retornados (devolución en caliente) o repatriados por no existir una frontera física en el mar (“un elemento de contención fronterizo”). Es esta sutileza legal, así como la política de “papeles para todos” que proyecta el Ejecutivo central, lo que activa a los grupos organizados y empuja a la gente a arriesgar sus vidas en el mar, y a poner en peligro las de los demás en tierra. Por eso es tan importante no tanto anclar boyas en el mar, cuanto programar una presencia militar y del Ejército constante de contención, disuasión y protección de nuestras fronteras. Quizá así Marruecos entienda que se acabaron los chantajes y las estrategias de presión.

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