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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

De Ibiza a Sanxenxo, pasando por Santiago

“Tu pollo lleva más drogas que una chica en una despedida de soltera en Ibiza”. Así reza, traducida libremente, la provocadora y polémica campaña publicitaria que apareció en el metro de Londres para denunciar ciertas prácticas alimentarias en la cría industrial de aves. En la isla ibicenca, en el Archipiélago Balear, y en el resto de España, ha tenido lugar una reacción de rechazo ante tan denigrante imagen sobre nuestro turismo que proyecta un anuncio que respaldan las organizaciones animalistas y el proyecto Slingshot. Esto es algo lamentable, injustificable y fruto de un intento deleznable de mancillar un turismo que sigue siendo esencial para nuestro país. En el caso de Ibiza, el Consell ha rechazado la campaña. Y eso está bien. Pero también hay un componente de previsión y anticipación que obliga a los gobernantes de ciertas localidades turísticas a velar por la imagen que proyectan de sus enclaves.

Si extrapolamos la polémica, y pensamos en el bien de Galicia, localidades turísticas como Sanxenxo, e incluso Santiago de Compostela (por poner dos ejemplos emblemáticos, aunque extensibles a todas nuestras villas costeras e interiores), deberían ser objeto de un exquisito cuidado a nivel de seguridad, control y convivencia que conllevará beneficios, proyectando una imagen atractiva que atraerá un turismo de calidad y sostenido en el tiempo. La zona del Ensanche en Compostela está fuera de control, con peleas y altercados constantes. Y aunque Sanxenxo es mucho más tranquilo, su Paseo Marítimo sufre un trasiego muy peligroso a medida que avanza la noche, hasta el punto de convertirse su afamada playa de Silgar en un “meadero” generalizado que muchas veces deriva en actos de vandalismo que perturban la tranquilidad y el descanso de vecinos y empresarios.

Por ejemplo, sorprende que no haya un solo coche patrulla disuasorio en la zona del Marycielo, junto a una pareja de la Policía Local vigilando para que el mobiliario urbano, las hamacas, y hasta los quioscos de Castaño Playas, no sufran un día tras otro los despropósitos de quienes se convierten en maleantes bajo la luz de la luna. Entristece ver cómo la pulcritud, la limpieza y el esmero de este empresario se ven desbaratados durante la noche. Y es que si no existe una ordenanza que prohíba la presencia diaria de esos músicos callejeros que perturban el descanso en la primera línea de playa hasta más allá de medianoche (y con un volumen impropio de un resort familiar como Sanxenxo); si no se frena el ocio de “despedidas de soltero y soltera”; y si no se dictan las medidas necesarias para cerrar o limitar los accesos a la playa, al igual que para proteger la avenida Luis Rocafort, la calle de Luis Vidal Rocha y, sobre todo, la siempre conflictiva escalinata de la rúa Fuensanta Rodríguez, dentro de poco este bello enclave perderá todo su merecido prestigio y su sello de calidad.

El derecho al descanso y a la seguridad no pueden verse cercenados. De hecho, quienes disfrutamos nuestra adolescencia y juventud en Sanxenxo y en Santiago con una tranquilidad que ahora deseamos para nuestros hijos e hijas, lamentamos la inseguridad y la falta de civismo que ahora detectamos, y a las que urge poner solución. La convivencia, la seguridad y el bienestar dependen de la educación y del control que ejercemos sobre nuestros jóvenes; pero también de la inversión en seguridad de las administraciones locales. Porque la fama y una buena imagen turística cuesta mucho ganarlas y proyectarlas; pero, una vez se pierden, resulta todavía más difícil recuperarlas, como está sucediendo con nuestras queridas Islas Baleares.

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