Opinión | Buenos días y buena suerte
Cosas que suceden por debajo
Me gusta que estemos pendientes del eclipse total (el astronómico, no el político: que también proyecta sus sombras sobre el planeta). Aunque espero que esta vez miremos al sol (con protección, sí), y no al dedo que lo señala.
El eclipse eclipsa casi todo el verano, estratégicamente en medio del tórrido agosto. Aunque, es tal la densidad de asuntos que nos sacuden, que ni un eclipse nos va a distraer lo suficiente. Si fuera en tiempos remotos, algunos lo tomarían como una amenaza de los dioses. Como una señal del fin del mundo. Pero tenemos ya tantas señales de apocalipsis, que el eclipse parece uno de esos divertimentos que suceden una vez cada siglo, o ni siquiera, y que nos permiten recordar la inmensidad del cosmos, la pequeñez de nuestras disputas diarias, lo absurdo de los rencores y el alto precio de los hoteles.
El eclipse es la estrella, sí. Pero verán, quizás lo verdaderamente interesante no está en los cielos, sino más bien en lo que sucede por debajo. Todo eso que circula por lugares menos visibles que las estrellas. ¿Cómo pasó lo de Ceuta? ¿Hay una confabulación internacional contra esta España respondona ante la nueva oleada de líderes envueltos en una peligrosa deriva autoritaria global? ¿O simplemente tenemos a África, como siempre, abandonada a la explotación y al dominio de las ideas extranjeras, que van imponiendo sus caprichos, utilizando otras formas de colonialismo moderno, el juego de la geopolítica y el deseo de algunos minerales? ¿Cómo es que pasó lo que pasó?
Esta es una cosa subterránea. No podemos ver lo que se mueve bajo varias capas de realidad. Hay pulsiones en el tablero mundial que sólo adivinamos: se habla mucho de ellas. Pero sí vemos con nitidez a esos jóvenes muertos. Están en la superficie del desastre. Ellos afloran como las víctimas de la pobreza, o del engaño, o de los laberintos que no se ven. La muerte no debe asociarse hipócritamente a una nacionalidad, no puede hablarse de muertos de primera y de segunda clase. Esta es siempre la más grande de las derrotas.
Cosas que suceden por debajo. Todos los hilos invisibles que mueven el mundo. Y el espectáculo de los títeres, no tan invisibles. Sorpresivamente, a la cadena de victorias de ultraderecha en Latinoamérica (siguiendo esa supuesta fiebre global) se contrapone ahora un avance del progresismo en Estados Unidos. Algo pasa con los USA. Se da por hecho que la ola ultra se extenderá, que incluso copará gobiernos en la meliflua Europa, pero… ¿qué tenemos de pronto en los USA? ¿Es este el despertar de cierta conciencia?
No se puede mantener durante mucho tiempo un discurso vacuo. Incluso cuando hay mucha gente frustrada, dispuesta a agarrarse a un clavo ardiendo. La deriva insoportable que observamos en los informativos y las palabras necias que escuchamos casi a diario están empezando a provocar un giro global, aunque de momento sólo sea un giro sutil. Aunque quizás no se perciba a corto plazo. Me dirán que todo esto es ‘wishful thinking’: un pensamiento ilusorio. No me gusta confundir la realidad con el deseo, pero tampoco me gustan los discursos inmovilistas que aceptan sin rechistar el autoritarismo o el sombrío descenso hacia la destrucción de las democracias.
En Estados Unidos se habla cada vez más de ese cambio: el revival del socialismo democrático (Sanders), modulado en gran medida a la manera europea, aunque tradicionalmente contemplado allí como una etiqueta radical. ¡Ese radicalismo que, curiosamente, muchos no asocian al discurso de Trump y sus acólitos! En fin. Tiene su gracia. No será Sanders, pero la victoria de Mamdani en las elecciones a la alcaldía de Nueva York y la de Abdul El-Sayed, de origen egipcio, en las primarias Demócratas de Michigan, sin duda dicen algo. Apuntan, primero, a una soterrada batalla en el interior del partido Demócrata, y, segundo, a una posible redefinición del panorama electoral ante las elecciones de medio mandato en noviembre.
La división entre los, digamos, más centristas, como mucho, y los progresistas socialistas, ya en claro ascenso, podría ayudar a un Trump en peligro, que se beneficiaría de los posibles desacuerdos Demócratas (¿algo parecido a la falta de proyectos unitarios en la izquierda de nuestro país?). Pero también podría suponer un giro sociológico en Estados Unidos, y la consolidación de un nuevo progresismo que hasta hace poco nadie contemplaba. Una gran novedad, considerando que el centrismo tradicional era la idea más arriesgada ideológicamente con posibilidades en unas elecciones. Pero quizás algo normal, si consideramos la desafección creciente a causa del caos organizado por Trump y la gravedad de sus políticas. Cuando Trump utilizó Ceuta de forma alarmista (como por otra parte suele hacer un adalid del populismo), para advertir a los ciudadanos de lo que podría ocurrir “si ganaba el bando equivocado”, supimos que algo que no vemos aún, pero que empieza a circular por debajo, envenena sus sueños.
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