Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Con sentido común

Notario jubilado

Solidaridad del pueblo

La ayuda mutua ha sido, históricamente, una realidad en España, sobre todo en las zonas rurales: techar una casa, recolección, siega, reparar caminos, agresiones, catástrofes naturales, festividades locales…

Numerosos dichos, refranes y coplas reflejan esa tradición colaborativa, cuando, ante el toque a rebato, los vecinos actuaban “Como en Fuenteovejuna, todos a una”. Hoy, la Constitución y la Ley de Haciendas Locales contemplan esta antigua costumbre como una prestación personal obligatoria en determinadas circunstancias.

Son números los episodios de cooperación en defensa de derechos individuales o colectivos: los recordados en la Oda al Dos de Mayo; la acogida del pueblo a los soldados que regresaban de Cuba abandonados por el Gobierno; Fuenteovejuna; los comuneros de Castilla; el 2 de mayo de 1808.

Y ya en nuestros tiempos, el Espíritu de Ermua, la respuesta ciudadana al 11-M, las movilizaciones masivas de solidaridad ante catástrofes naturales, la pandemia o en los éxitos deportivos. Movimientos espontáneos de solidaridad abnegada y desinteresada.

Los devastadores incendios de este verano son ejemplo del pueblo ante la adversidad y el sufrimiento ajenos, sin banderías.

Pero la clase política sigue en su habitual actitud: recriminaciones, insinuaciones descalificatorias, recordatorios de hechos pasados, … Desconocen la histórica solidaridad del pueblo y carecen de sensibilidad para apreciarla.

Las “dos Españas” de izquierda y derecha parecen haberse convertido en las “dos Españas” de la clase política y la del pueblo llano, ésta, cada día más distante y desafecta de aquélla, por la pérdida de confianza en las instituciones del Estado, que parecen estar al servicio de lo que algún día se calificó como casta política, y no al servicio de los ciudadanos.

Situación muy semejante a la de principios del siglo XX, con un divorcio total entre la clase política y el pueblo -oligarcas y caciques y ciudadanos-, que fue denunciada con firmeza por el Regeneracionismo de Joaquín Costa. Como decía el aragonés, “necesitamos hombres” con la talla moral necesaria para gobernar pensando en los ciudadanos.

Tracking Pixel Contents