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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Ceuta reclama nuestra atención

En Ceuta urge activar los mecanismos de devolución a Marruecos de cuantos entraron ilegalmente en la Ciudad Autónoma española desde el pasado 30 de julio. Es necesario identificar y atender a cuantos migrantes deambulan por Ceuta generando un caos frente al que el Gobierno central todavía no ha sabido responder. Después ya habrá tiempo para ver hasta qué punto el Ejecutivo y sus ministerios pudieron prever una irrupción humana de semejantes dimensiones. Y también qué grado de implicación han tenido el Reino de Marruecos y sus servicios de Seguridad e Inteligencia a la hora de frenar una incursión anunciada incluso a través de las redes sociales.

La televisión marroquí denuncia el maltrato de sus menores en España, y critica el silencio del Gobierno español ante estos supuestos abusos. Frente a ello, tanto el presidente Sánchez, como el ministro Grande-Marlaska insisten en “la cercanía, la lealtad y la complicidad absoluta de Rabat”. Ni una crítica al reino Alauí; y cientos de alabanzas a un vecino que, supuestamente, colabora con “la mano tendida” que le ofrece nuestro Ejecutivo. Tampoco se denunció la actitud de “brazos caídos” de la Gendarmería y los agentes de frontera marroquís. Y eso pese a haber cedido en todo aquello que Marruecos nos ha pedido política, económica y diplomáticamente, ya sea dentro de Europa, o en el marco de la soberanía del Sáhara Occidental.

Pues bien, frente a la agresión a nuestro país, ante la violación de nuestras fronteras, sólo caben tres opciones. Una respuesta que requiera la intervención de nuestras Fuerzas Armadas (como frente a la ocupación de Perejil en 2002); la fórmula del “apaciguamiento” (cediendo en todo aquello que nos pidan, como hasta ahora); o evidenciar nuestro poder de respuesta y disuasión a todos los niveles (económico, político e incluso militar). La cortesía diplomática es siempre útil y necesaria, pero el Gobierno marroquí debe ser consciente de que estamos dispuestos y preparados para reaccionar en cualquier dirección si se produce una nueva agresión; contando como contamos, además, con el paraguas de la UE. Al no haber ningún tipo de respuesta por parte de España, es más que probable que Marruecos vuelva a poner a prueba nuestra capacidad de reacción frente a una Ceuta o a una Melilla que el reino Alauí considera territorios “ocupados”.

El despliegue asistencial y de seguridad habilitado por Defensa e Interior en Ceuta no son suficientes; con apenas unas decenas de nuevos agentes desplazados a la Ciudad Autónoma, cuando son miles los efectivos de la Policía Nacional y la Guardia Civil que allí se requieren, además de cientos de funcionarios de Extranjería para poder identificar a los recién llegados (hasta diez yihadistas condenados por terrorismo y expulsados de España han vuelto a entrar en nuestro país). Concertinas, unas cuantas lanchas patrulleras, boyas náuticas y un par de helicópteros no parecen suficientes para frenar una nueva invasión semejante a la vivida en 2021, o estos días pasados. Nuestros agentes sufren agresiones, y apenas pueden frenar los disturbios y las peleas callejeras.

Es increíble que no se hayan levantado ya campamentos y hospitales de campaña para esos migrantes que improvisan asentamientos en cunetas, laderas y hasta en playas como la del Trampolín. Los servicios sanitarios se encuentran desbordados, y alertan sobre el peligro de migrantes en condiciones deplorables, sin tarjeta sanitaria ni historial médico; con lo que es cuestión de tiempo que surjan más los casos de sarna y tuberculosis. Hablamos, pues, de riesgos diversos para nuestra Seguridad Nacional.

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