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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Un terremoto para De la Espriella

Cientos de fallecidos y desaparecidos, así como miles de heridos, son las víctimas del terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), que zarandeó Colombia el pasado 10 de agosto. Por su gran magnitud, esta catástrofe natural constituye un evento sísmico de consecuencias devastadoras, especialmente en la zona de Cali, Pereira, Armenia, Manizales, Quibdó, y otras poblaciones del oeste colombiano. Pasará tiempo hasta que cesen las réplicas, se pueda finalizar un rescate cada vez menos esperanzador, y los habitantes regresen a las viviendas que no han colapsado tras el temblor. Y si esto complica la situación en muchas zonas urbanas, en las áreas rurales el contexto es todavía peor debido a la precariedad y la pobreza que ya sufrían antes del rugido de la tierra. Y es esto lo que puede añadir el componente de crisis humanitaria a una catástrofe económica todavía difícil de cuantificar.

El nuevo presidente del país, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero se enfrenta a un descomunal desafío con el que no contaba el 7 de agosto, tres días antes del siniestro, cuando insistía en el libre mercado, el restablecimiento del orden, y la lucha contra el crimen organizado, como las bases sobre las que edificar el desarrollo económico y social de la República de Colombia. Ahora deberá demostrar toda su pericia gestora ante la factura de una tragedia que alcanzará miles de millones de dólares. Una nueva carga económica imprescindible para llevar a cabo la reconstrucción de viviendas y edificios públicos (también educativos y sanitarios); infraestructuras (incluidas redes de abastecimiento, carreteras, puentes, puertos y aeropuertos); y la logística de una zona considerada como el eje cafetero del país (donde las comunicaciones y el trasporte de mercancías y productos, sobre todo agrícolas, permanecen aislados del resto del país y, por extensión, del comercio exterior).

El desgaste de las ya resentidas cuentas públicas, y una caída del PIB, serán los efectos macroeconómicos del terremoto y sus cientos de réplicas. Frente a ello, De la Espriella ha declarado la Emergencia Económica y la apertura de un fondo especial que facilite la canalización de cuantos recursos se destinen a la recuperación de las regiones afectadas. Cabe recordar que De la Espriella tomó posesión en Cali, rompiendo la tradición de hacerlo en Bogotá, precisamente, para mostrar su apoyo a las regiones. “Cuando las regiones prosperan, prospera Colombia”, acostumbra a señalar un líder volcado en la descentralización del Estado y la reducción del gasto público.

Habrá que ver ahora cómo reprograma un gasto extraordinario; y cómo ese autodenominado “Tigre al que nadie es capaz de parar” logra gestionar una situación crítica con la que no contaba, y que requiere más que una cesión de competencias y decisiones a los municipios y departamentos (Cali, Chocó, Risaralda, Caldas, etc.), una coordinación asistencial, sanitaria y de seguridad centralizadas, precisamente, bajo el mando del propio presidente de la República. Por otro lado, a la hora de gestionar las ingentes partidas presupuestarias destinadas a adjudicaciones y contrataciones públicas, la oposición política le exigirá la misma transparencia que en su momento demandaba el nuevo presidente. Hablamos de unas inversiones de emergencia que se fiscalizarán con especial celo para evitar cualquier atisbo de clientelismo o corrupción; y, sobre todo, para impedir que los grupos armados que controlan determinados territorios afectados por el seísmo se hagan más fuertes en términos de control de accesos y distribución de ayudas.

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