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Opinión | POSDATA

Doctor en Economía

Dejadme que os diga

Ya he cumplido más años de los que me hubiese gustado cumplir, tantos como para que me entre la necesidad de hacer repaso a mi vida. No es la primera vez que me sobreviene semejante requerimiento, pero esta vez me escuece más que otras. Y no, ojo, porque ya se me vaya haciendo más largo el pasado que el futuro, que es cierto y maldita la gracia, sino porque de uno al otro cambiaron los ánimos de la vida. Durante buena parte de la que ya he vivido acaricié ininterrumpidamente la confianza en ir a bien. En que iba a ir a mejor yo, los míos, mi pueblo, mi país, el mundo. Todos. Sólo hacía falta formar filas reivindicativas, buscando conquistas. Y no creo que muchos me puedan negar que a mi generación ese tiempo esperanzado le ha ido bien.

Yo, como casi todos los demás, me impliqué en militancias solidarias, sociales, políticas y hasta religiosas. Cambiaban los emblemas, pero no el deseo de que el mundo entero pudiese gozar de libertad, prosperidad y felicidad. Las tres con la misma rima. Las tres con el mismo aliento. Para la humanidad, para mí, para todos. Mi juventud, pues, fue un pleno sentir de saber que se sabía por qué y para qué se vivía. Humildemente. No me disgusta, pues, mirar atrás. Recordar. Incluso rendir cuentas. Yo creo que he cumplido mi parte.

Pero ya no es lo mismo. Ayer me ilusionaban las esperanzas de mejora, pero hoy me agobian los temores del empeoramiento. El mundo, para casi todos sus habitantes, vive a la defensiva, apresado en guerras, disminuido entre hambres, engañado por falsos profetas, falsos redentores, falsos líderes. Tomad el periódico de cualquier día y ya me diréis: penas, llantos, muertes, con la sensación de que solo puedes ser feliz si no les prestas demasiada atención. Ahí está lo que os digo: el joven esperanzado se vuelve un maduro preocupado. Como si al final de su batalla no fuese del todo cierta la victoria.

Pero bueno, vale, me cogisteis en un día atravesado. Pido perdón. Siempre quedará lucha por delante sin que todo esto que digo pueda servir de coartada para no reemprenderla aún con más ganas y esperanza de las que ya podamos antes haber sentido. Ala, pues, adelante.

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