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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Viajar y trabajar en Galicia

Llevamos un verano razonablemente bueno en Galicia, con un número menor de incendios que en años pasados, y a pesar de las repetidas olas de calor que hemos padecido. También hemos visto cómo incluso en período estival, la Xunta de Galicia ha continuado impulsando actuaciones sobre el medio ambiente y la energía; programando planes de vivienda protegida y pública; reforzando los servicios sanitarios, vacunales y de atención primaria; trabajando en el traspaso de la AP-9; diseñando incentivos fiscales para familias y jóvenes; y optimizando un presupuesto histórico para una Política Social comprometida con la dependencia, la ayuda y el cuidado en el hogar y en residencia, los programas para mayores y jóvenes, y hasta dentro del ámbito de la inclusión social.

Desde un punto de vista empresarial, han trascendido apuestas de calado para la Comunidad, como la llegada de la multinacional china de automoción SAIC, que atraerá futuros inversores. La estabilidad política y social es un atractivo indudable, y juega a nuestro favor en una región que ha de luchar contra el envejecimiento poblacional, así como con las dificultades de los pequeños autónomos, que no perciben esa macroeconomía de la que presume el Gobierno del Estado. Se anunciaba estos días el adelanto de la vendimia debido al calor; y una cosecha de uvas que se prevé excepcional. Asistimos a la llegada de imponentes trasatlánticos a la ciudad de A Coruña. Y los expertos señalan hasta los beneficios económicos que supondrá tener dos equipos de fútbol gallegos en Primera División.

Finalmente, deseamos que, tras el cierre de la base de Ryanair en Santiago y el recorte de muchas de sus rutas con Galicia, esta pérdida de conexiones de los aeropuertos gallegos, en especial del aeropuerto Rosalía de Castro en Santiago de Compostela, se pueda compensar con la llegada de Wizz Air y de Fly2Galicia. Los gallegos aspiramos a disponer de una oferta digna desde nuestras tres sedes aeroportuarias que facilite nuestros desplazamientos, ampliando el espectro de destinos y a un precio razonable. Porque es una realidad innegable que siempre nos cuesta más, en tiempo y en dinero, llegar, por ejemplo, a una reunión de trabajo fuera de nuestras fronteras que a nuestros compañeros de otras Comunidades; y esto mismo se aplica a quienes desean establecer vínculos laborales o empresariales con nuestra Comunidad.

Ahora se pone en duda la viabilidad de Fly2Galicia por supuestas conexiones de la operadora de la compañía, FlyYo, con intereses y capital israelíes. Pues bien, deberán ser nuestros representantes políticos quienes, además de asumir y explicar sus acciones y decisiones, tendrán que seguir esforzándose por mejorar la conectividad aérea de Galicia con el resto de España y el extranjero. Los gallegos y las gallegas asumimos la mayor distancia que nos separa del resto de España, y una orografía compleja que dificulta el diseño y el mantenimiento de nuestras carreteras. Este mismo verano hemos sufrido cortes en numerosas vías principales por obras de mantenimiento. Y a estas circunstancias hemos de añadir los problemas en la red ferroviaria española que nadie parece dispuesto ni a asumir ni a solventar, y que nos afectan a los gallegos sobremanera, pues también sufrimos la escasez de plazas y los precios excesivos. Además de cuidar las rutas del Camino de Santiago, es fundamental entender que Galicia no podrá mostrar todo su esplendor empresarial, cultural y social mientras no tengamos conexiones adecuadas, modernas y económicas; porque para emprender en Galicia, primero hay que llegar hasta nuestras tierras.

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