Opinión | Reflexión pública

Escritor
Jardines y huertas privadas
Cada vez se hace más necesario un apartamiento donde cultivar un pedazo de realidad que sale del más directo trabajo individual: el cultivo de una huerta privada, retirada incluso de la mirada exterior . Ello produce satisfacción, después del trabajo duro que supone hendir la tierra con aplicación. Muchas pinturas del Impresionismo son lienzos de huertas en localidades francesas. Jardines al lado de huertas, o huertas al lado de jardines y todo ello dentro de una misma parcela. Esto sucede con frecuencia en muchos pueblos de Galicia: casas que asoman a las calles principales con fachadas conservadas guardan detrás muchas veces estas realidades donde se junta lo estético con lo práctico: parcelas ocupadas de flores y plantas diversas de un lado y de verduras y tomates de otro: adorno para la casa y alimento directo y natural, sin aditivos. Una complacencia pero además una despensa sumamente sana. Sé por conversaciones directas que trabajar en estos terrenos (más que espacios) constituye una terapia magnífica. Residuos finales del minifundio, tan repetido en Galicia, jardines y huertas privadas constituyen muestras de la propiedad particular en su expresión de máxima explotación: del producto recogido a la puerta misma de la casa.
En Santiago abundan estas huertas mezcladas con jardines en la Rúa das Hortas, Rúa de Carretas, Rúa de San Pedro, y más: tesoros de geometría aplicada con productos cultivados en toda su extensión. Lo mismo sucede detrás de las calles principales en Caldas de Reis, Moraña y Cuntis. En Lugo en determinados tramos de su muralla pueden verse este tipo de huertas. En algunas huertas además suelen verse árboles de adorno, como abetos ( aprovechados de la Navidad), camelias, frondosos abedules... para solaz particular se suelen ver también mesas de mármol con sillas de hierro para veladas con sociabilidad. Muros delicados y cuidados o setos separan estas propiedades que reúnen un sentido práctico y estético avanzado. Mundos ocultos, separados, donde la vida privada transcurre desde su invisibilidad y desde una complacencia del tiempo.
Aparte, en poco espacio suelen verse diversos tipos de plantas, que crecen espontáneas o invasoras. No plantadas, no elegidas, sin embargo ofrecen un gran interés botánico: ahí está el gran libro del P. Baltasar Merino, su ‘Flora Descriptiva e Ilustrada de Galicia’, 1909, reeditado felizmente. De paso quiero citar al peregil, la salvia, al romero y al tomillo, que crecen siempre indicativos para su utilización en la cocina. Estas realidades entre la hierba posen, modernamente, nuevas catalogaciones, nuevas publicaciones. Así, ‘Herbario ilustrado’, con doctas notas de Joana Santamans, 2019. En otro plano, ‘Árboles extraordinarios’, de Christina Harrison y Tony Kirkham. Editorial Planeta. 2019. Una selección y presentación de los mismos, que, desde luego, enriquecen nuestras vidas. Determinados árboles dan prestigio a los espacios donde se encuentran, a lo que añado respeto, tales como cedros, magnolios, arces y plátanos de sombra. Son presencias con distinción.
Afortunados quienes poseen este tipo de propiedades y, sobre todo, las cuidan y saben disfrutarlas, y las llevan a mejor en su esfuerzo cotidiano por alcanzar la perfección y su coherente permanencia
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