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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Cuenta atrás para Trump

No debe de estar muy contento Donald Trump con los sondeos que se van publicando sobre la intención de voto de los estadounidenses. Las legislativas de mitad de mandato apuntan a un claro auge de los demócratas, hasta el punto de que el control de la Casa de Representantes pende de un hilo. Más fácil aparenta la posibilidad de mantener el Senado. Pero, aun así, mucho tendrá que bregar el neoyorquino para que el próximo 3 de noviembre no se convierta en un castigo que, de producirse, sin duda aprovecharían tanto sus adversarios del interior, como sus enemigos del exterior. Y es que los datos no mienten. Y, si alguien sabe de números y porcentajes, ése, sin duda, es Trump.

Agosto se ha convertido en el peor mes para el presidente. El indicador nacional de referencia, el denominado ‘generic congressional ballot’, apunta a una ventaja del Partido Demócrata de entre 6 y 8 puntos. Y esto es mucho a apenas dos meses de las votaciones (el voto anticipado comenzará ya en apenas unas semanas). Además, las noticias que a diario demuestran la pujanza demócrata en el promedio del voto genérico constituyen un acicate para aquellos que opinan que es hora de frenar a un mandatario que llegó prometiendo mucho, pero que ha resuelto poco. Los sondeos en EE.UU. se basan en encuestas de intención de voto sencillas y directas. Se le pregunta al elector simplemente si piensa votar al candidato demócrata o al republicano que aspira a representar a su distrito. Pues bien, casi todas las firmas demoscópicas apuntan a un entorno electoral favorable a los demócratas. Ni siquiera los institutos de opinión pública ni las agencias especializadas en análisis electorales y barómetros políticos afines al Partido Republicano son capaces de cocinar o matizar una tendencia que apunta a una convulsión en el Capitolio.

Y es que el neoyorquino se ha convertido en el principal lastre electoral para los republicanos. Y esto es algo difícil de asumir. Pero su índice de aprobación va cayendo semana tras semana; y ya se encuentra entre un 33% y un 40% este mes de agosto. El nivel de desaprobación es inversamente proporcional. Oscila entre un 65% y un 56% en los sondeos más optimistas. Eso sí; todavía cuenta con un ejército de incondicionales dispuestos a votar al sector republicano y a su presidente pase lo que pase. Son los MAGA, los más leales al lema ‘Make America Great Again’. Hablamos de en torno a un 22% de incondicionales. Sea como fuere, todo indica que las ‘US Midterm Elections’ se han convertido en una especie de referéndum sobre el propio Trump.

El neoyorquino reconquistó La Casa Blanca con un argumentario centrado en la economía, la inflación y los intereses de EE.UU. frente a cualquier implicación en conflictos o guerras del exterior. Aquella promesa queda hoy muy lejana. Seis meses de la guerra en Irán sin que Trump haya alcanzado ninguno de sus objetivos de manera clara juegan en su contra. Como también le perjudica el impacto de la crisis de Oriente Medio en la economía estadounidense, con la gasolina subiendo de nuevo por encima del peligroso umbral de los cuatro dólares por galón. Trump no encuentra una salida favorable. Ni siquiera amenazando con hacerse con el control del propio estrecho de Ormuz, o incluso proclamándolo «nuevo territorio de EE.UU.». Lo que en febrero iba a ser una guerra rápida que duraría «cuatro o cinco semanas» se ha convertido en la peor de las pesadillas para el neoyorquino. Y esa crisis energética derivada de la guerra contra los Ayatolás ha terminado acabando con la paciencia de los estadounidenses (el 75% cree que la guerra «no merece la pena»).

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