Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Global-mente

Periodista

Ser madre, mito y tabú

Conmoción e incomprensión. Es la primera reacción ante la trágica historia de Lindsay Clancy, una madre que mata a sus tres hijos pequeños e intenta suicidarse. El parricidio, el peor atentado contra la vida, es tanto mas insoportable cuanto que las víctimas son niños, seres esencialmente inocentes. En el pasado su caso podría tratarse como un horrible suceso, un “fait divers”, que no merece más atención que la provocada por el morbo.

Pero hoy ya no. En el juicio contra Lindsay Clancy salió a la luz el abandono, la soledad, la desesperación que sufrió después del nacimiento de su tercer hijo. Encerrada durante meses en una psicosis postparto de la que ninguno de los profesionales de la salud mental que consultó fue capaz de liberarla; acosada por delirios, ataques de pánico y alucinaciones cometió lo irreparable.

¿Por qué nadie fue capaz de ayudarla? ¿Por qué la ciencia y la medicina, que tantos avances han hecho, no se interesó por esta dolencia específicamente femenina?

Desde que el embarazo y el parto salieron del ámbito de lo privado, de la intimidad del hogar y las mujeres se pusieron en manos de la medicina, es incontestable que se han reducido la mortalidad perinatal y las muertes de parto, tan frecuentes en el pasado.

Pero, ¿y la salud mental de las mujeres?

Solo desde hace poco se empieza a hablar sin tapujos de la depresión postparto o del “deni de grossese”, un trastorno por el que la mujer no siente su embarazo: su cerebro lo niega y su cuerpo no presenta signos de gestación. Esta negación del embarazo es tan radical y peligrosa que la mujer no reconoce al recién nacido después de parir y en casos graves puede llegar a abandonarlo o incluso al infanticidio.

La respuesta de la sociedad, incluso la más avanzada, sigue siendo observar a la mujer a través del prisma del mito de la maternidad, nunca cuestionándose qué le ocurre, cuál es el verdadero porqué de semejantes dramas. Juzgar no sirve para prevenirlos.

La maternidad sigue sublimada en una sociedad que exige a las madres la perfección, el mito no deja lugar a la empatía ni a la comprensión. La presión social es tal que pocas se atreven a confesar su fragilidad y sufrimiento después de un parto. Pero algo está cambiando sobre todo en países como el Reino Unido donde las “celebrities” toman la palabra en redes para contar su experiencia sin omitir nada por desagradable que parezca.

Cuando antes las “famosas” salían en la prensa del corazón maquilladas y repeinadas después de parir, ahora actrices como Sienna Miller y sobretodo Keira Knightley cuentan haberse sentido solas, abandonadas y deprimidas en el puerperio. Keira Knightley describe con crudeza “su vagina desgarrada” y el “crash” hormonal que le obligó a buscar terapia. En su ensayo “The Weaker Sex” (Penguin Random House) escribe que ser madre es “un maratón físico y emocional”.

Y más para las que trabajan fuera de casa. K, una compañera periodista me confesó que había ocultado que tenía una hija en su anterior empleo en Alemania. Allí, me dijo, a las mujeres trabajadoras con hijos pequeños las llaman “Rabenmutter”, o sea madre cuervo, la que abandona a sus crías en la guardería.

Que sirva el drama de Clancy para que la ciencia se tome en serio las dolencias específicamente femeninas -la endometriosis incluida- y que la sociedad rompa ya con el tabú y el mito de la madre perfecta.

Tracking Pixel Contents