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Cartas al director

08.07.2019 
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Ciudades para vivir

Siempre supe que el coche eléctrico sería una realidad y soñé con ciudades libres de humos y ruidos. Cuando esta ilusión está a punto de cumplirse, la UE obliga a que estos vehículos emitan sonidos, entre 56 y 75 decibelios, similares al de los caducos motores de combustión. La medida, además de absurda es criminal.

Sabemos que en España mueren al año prematuramente al menos 10.000 personas por ruido excesivo. Ya en 2009, el Defensor del Pueblo consideró que una medición instantánea de 75 decibelios es «una agresión y la repetición de eventos puntuales de 75 decibelios es una tortura». Según la OMS, la contaminación acústica causa graves daños físicos –pérdida de audición– y psicológicos –genera ansiedad, irritabilidad y estrés– que acortan la vida. ¿Ignoran estos datos?

Comprendo la reivindicación de los invidentes; pero, si una bicicleta hace ruido cuando circula, en el momento en que la paz reine en las urbes, se oirá llegar al vehículo eléctrico. No malbaratemos esta oportunidad.

Miguel F. Palacios

Madrid

Partidos verdes

Un tanto inadvertidas en España, por el grado de confrontación política doméstica, las últimas elecciones europeas han sido objeto de abundantes análisis políticos en la prensa internacional. No se trata sólo de la sensación de respiro de los europeístas, al comprobar que el avance de los euroescépticos resulta controlable, especialmente cuando se produzca al fin el Brexit, habida cuenta del excesivo número de diputados insularistas que el Reino Unido ha enviado a la Eurocámara.

Otro punto importante de valoración es el aumento real del número de ciudadanos que acudieron a las urnas, de modo particular, gracias a la movilización de la gente joven, que suele estar a favor de Europa. Finalmente, no se despejan las dudas sobre el futuro de los partidos “verdes”.

Parece claro el incremento del peso de las cuestiones ecológicas en la vida pública. Crece la preocupación por la defensa del medio ambiente, aunque los momentos electorales no son los más propicios para la discusión de medidas a largo plazo, indispensables, por ejemplo, ante la grave cuestión del cambio climático. Pero, a diferencia de la aceptación común del Estado del bienestar, sigue siendo debatida la fórmula política más idónea para contribuir a la solución de los problemas. No hay en absoluto unanimidad a favor de la existencia y el trabajo –en cierto modo, unidireccional– de los partidos ecologistas.

No faltan quienes consideran, incluso, que sus objetivos están más en la línea del concepto clásico de grupo de presión, o en el más moderno de movimiento, que en el de partido político: como sucede con tantas formaciones que se han presentado a las elecciones europeas, con programas demasiado especializados, como mejora de servicios públicos, desempleo, pensiones, reducción de parlamentarios o aumento de consultas.

Amadeo Gutiérrez

Pontevedra

Lo que se predica

Me gusta esa población activa dispuesta a hacer lo que predica, a tomar conciencia de que la cuestión social se ha globalizado, lo que nos exige movilizarnos y pasar a la congruente acción responsable. Se me ocurre pensar en esos jóvenes argentinos, congregados para frenar y mitigar las secuelas del cambio climático. Cuentan para ello, con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que les ofrece un espacio para que se formen e informen, puedan buscar soluciones conjuntas entre todos los moradores del mundo, y sus mensajes puedan trascender a través de canales de acción adecuados. Ahora bien, no es igual predicar que dar trigo, además sabiendo que el principio de la educación es instruir con el ejemplo, nos conviene ampliar los horizontes y comprometernos con ser honestos y razonables en nuestras actuaciones.

Es público y palpable, en cualquier caso, que las diversas situaciones mundiales son algo más que un reclamo, y en este sentido, hay muchos jóvenes y no tan jóvenes, con deseos de involucrarse en cuestiones injustas, pues saben que el avance de la especie, nos obliga a responder con amor al llamamiento de tantas poblaciones excluidas. Nada se puede llevar a buen término sino es con la fuerza de la generosidad. La población se ha mundializado, pero también ha crecido en desigualdades. Sólo hay que adentrarse en un reciente estudio a nivel general elaborado por el departamento de estadística de la Organización Internacional del Trabajo, con datos de 189 países, donde se constata la gran disparidad de salarios que reciben los trabajadores. Téngase en cuenta, que aquello que unos ganan en un año, otros necesitan trescientos. Con estas diferencias no se puede asegurar la inserción en este inmaculado globo al que toda sociedad aspira.

V. H.

A Coruña

El caso Otegi

Un señor que fue terrorista y que no condena las barbaries de la banda ETA pierde todo derecho para aparecer en la televisión pública (que se paga con el dinero de todos los españoles, también de las víctimas del terrorismo) para hacer propaganda de lo que fueron sus siniestras andanzas. El caso Otegi en TVE se puede resumir diciendo que es una falta de respeto a todos los demócratas de este país. Que somos la mayoría.

Soraya Andújar

Valencia