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ABEL VEIGA

Alpargatas y Everest

21.01.2016 
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NO se puede subir el Everest con alpargaras. Lo ha dicho el expresident Artur Mas. El mejor y más grande prestidigitador de la vida política catalana. El que la ha llevado al paroxismo y al esperpento. El que ha volado la gobernabilidad a través de una gestión nefasta, y de paso, derruido la herencia igualmente nefasta del otrora todopoderoso Pujol. Convergencia no es sombra de lo que fue, cual partido nacionalista cortafuegos del independentismo por mucho coqueteo y devaneo. Después llegó simplemente el chalaneo mediático, político y el sunsuncordae, la demagogia.

De ida y vuelta entre Madrid y Barcelona. Volcado en brazos del radicalismo y la izquierda más soberanista Mas se creyó imprescindible. Y de una autonomía parlamentaria, se encaramó en el presidencialismo más arrogante. Una presidencia no es subastable, pero él impartió el último número. El de gracia. De paso, su desgracia, por mucho que se maquille. El triunfo tiene sólo un ganador, y la derrota es huérfana. Gana Ezquerra y gana Puigdemont quien de carambola se ha convertido, por delante de Junqueras, Munt, Romeva y algún otro que sonaban, en president.

La CUP queda rota, despedazada y con el estigma de la penitencia. Convergencia en medio de una travesía entre el hundimiento y la refundación, primero, por la corrupción gravísima, larvada y mordiente en su seno, segundo, por la deriva secesionista que ha hecho al propio partido en impracticable e inviable y a la vez irreconocible e inservible. Y Esquerra, a quién de los tres mejor se le brinda el horizonte, sigue esperando y monitoreando el proceso.

Empieza una etapa no sólo complejísima sino incierta. Todo en aras de ese Everest, la independencia en un plazo de 18 meses. Con una carta magna propia y la creación de estructuras e instituciones. Sin que nadie sepa cómo se hará ni con quién, recte, contra quién. Tamaña incertidumbre no asusta a quienes se coligan con un único fin aún estando en las antípodas programáticas y de contenido de gobierno. Salvo el paraíso terrenal catalán, todo lo demás son contradicciones. Se obvian en aras de esa gran afrenta constitucional y legal. Pero de constitución y legalidad estatal –española– hace mucho que desde Cataluña se ridiculiza y ningunea.

El fuego secesionista estaba languideciendo entre rescoldos. Ahora se aviva y toma protagonismo, aliento y fuerza. La confrontación legal y política arranca con virulencia. Algunos ven con ello, más factible un gobierno de coalición. Gran coalición, pero no nos engañemos si lo que une en Cataluña es la independencia, ¿une en España lo mismo el intento de aplacarla legal y políticamente? Más bien no.

Profesor universitario