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{ al otro lado }

PANCHO LEDO

La economía encarrilada y el nacionalismo al acecho (y II)

13.11.2013 
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TARDE o temprano, tenía que llegar. La deslealtad constitucional de los nacionalistas catalanes ha sido proverbial, utilizando siempre el chantaje como instrumento de acción política. En cuanto un partido –del color que fuere– no tenía mayoría suficiente para formar Gobierno, allí estaba Pujol dispuesto a "colaborar en la gobernabilidad" (su frase favorita) a cambio, claro es, de una o varias competencias más para Cataluña, con sus correspondientes asignaciones económicas. Así se llegó, mica a mica, y siempre con el objetivo claro de llegar a la independencia, al momento presente, en el que se han destapado del todo, en un atrevido strip-tease político, poniendo sobre la mesa del Gobierno de la Nación la cuestión de la secesión con la pantomima de "el derecho a decidir" y el subterfugio de que "España nos roba".

El permitir que dos generaciones de catalanes se formaran en la escuela con el rechazo a todo lo español; el consentir que no se cumplan en Cataluña las leyes o sentencias de los tribunales que no son gratas; la suicida complicidad de una parte importante de la Iglesia catalana con el nacionalismo; el irresponsable impulso de Zapatero a la reforma de los Estatutos; el emergente republicanismo; todo eso, más el esnobismo aldeano de un sector de la burguesía, es lo que, entre otras causas, ha coadyuvado a que lo que antaño era sólo cuestión de dinero, ahora constituya un fenómeno de sentimientos, con el peligro que esto conlleva.

Hasta el último momento, los nacionalistas han querido jugar con la carta del "concierto económico" a trueque de dejar para más adelante la cuestión secesionista; pero ya no les valió el nuevo intento de engañar. En esto Rajoy fue claro y contundente: la soberanía nacional no está –ni lo estará nunca– en discusión. Y eso que Rajoy ha sido siempre proclive a resolver los contenciosos con Cataluña mediante el uso de los monises como instrumento de cambio y de aplazamiento de demandas.

¿Cómo enfrentarse con el problema? Hay tres vías. Una, la de aplicar sin más demora el art. 155 de la Constitución, que permite al Gobierno la intervención de un Comunidad Autónoma "cuando actuare de forma que atente gravemente al interés general de España", y no hay más alto interés general que el de la unidad de la Nación española, "patria común e indivisible de todos los españoles". Por otra parte, no hace falta sacar los tanques a la calle, como propuso alguien muy impulsivo; esto es muy ruidoso. El Estado tiene otros medios coercitivos para imponer su autoridad. No olvidemos que los catalanes son respetuosísimos con la autoridad cuando ésta se ejerce con firmeza, lo mismo que se mofan de ella si la ven enclenque, como así debieron de verla los independentistas cuando plantearon su requisitoria con tanta aspereza.

La segunda vía es seguir templando gaitas, negociando indefinidamente y ofreciéndoles a los independentistas un buen montón de millones a cambio de su laxitud en la demanda; unos millones que tendrían que salir de la caja general de la Hacienda pública, y es ley elemental de sentido común que lo que se le da a uno de más es porque se les da de menos a los demás. O sea, que se sacrificaría al resto de las Comunidades Autónomas en favor del mayor regocijo catalán, algo que no se entiende que sea de justicia ni que pueda ser aceptada por los inmolados en el gatuperio.

Y la tercera vía es conseguir, con lo métodos de persuasión más eficaces, que los independentistas se la envainen y renuncien a sus demandas, y aquí paz y allá gloria

¡Ah! El socialismo ha vuelto. No sabíamos que se había ido. Y vuelve pletórico de "pasión por España". Eureka, el patriotismo se cotiza.

Abogado