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a bordo

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Frente de Juventudes

29.04.2009 
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Alguien tendría que aclarar si una arenga sobre el idioma forma parte de las actividades escolares. Eso es lo que tuvieron que soportar los chavales que acudieron a la presentación de Correlingua 2009, una actividad con la que se quiere reivindicar el gallego coincidiendo con el Día das Letras. La finalidad es noble, pero el talante de algunos la transforma en un lamentable adoctrinamiento de menores.

Después de haber fracasado con los padres, se repite el intento de manipulación con los hijos. Como la sociedad gallega adulta ya está vacunada contra los que han utilizado el idioma como martillo de herejes, los esfuerzos se dirigen ahora a los niños, con la complicidad de ciertos enseñantes que sustituyen la pedagogía por la ideología, y de instituciones que mejor harían en ver qué cosas están subvencionando.

La fechoría ni siquiera es original. Basta echar un vistazo a los lemas y objetivos de la Korrika o el Correllengua para darse cuenta de que esto de aquí es una vulgar imitación. Es el mismo empeño en inculcar en las mentes infantiles que la única forma de ser un buen catalán, un vasco como es debido, o un gallego de pro, es vivir en la lengua propia y rechazar la impropia.

Es lo que tuvieron que oír los escolares en el acto. Si al llegar a casa contaron su experiencia, habrán logrado que los abuelos evocaran las épocas en las que otro tipo de gente, con distinto aspecto y atuendo, intentaba disuadirlos de que sólo el español podría llevarlos por las rutas imperiales. Tanto antes como ahora, lo que incomodaba a los doctrinarios era la libertad.

Los chavales que sufrieron el abuso viven, por fortuna, en un país libre. Están libres de los traumas que al parecer padecen quienes los sermonearon sobre la corrección idiomática. Es una incongruencia que sean los intolerantes quienes les hayan impartido la lección, y no ellos los que les hayan enseñado a los dogmáticos a expresarse sin sus pobres ataduras mentales.

Según cuentas las crónicas, la sesión siguió las pautas típicas de los lavados de cerebro, y tuvo su climax cuando el máximo dirigente de la Mesa invitó a todos a participar en la manifestación convocada el 17 de mayo, contra la política lingüística del Gobierno de Feijóo. ¿También será considerada actividad escolar?

Si el modelo de Correlingua es la Korrika o el Correllengua, instrumentos ambos del nacionalismo más radical, el uso de los niños como peonaje político guarda semejanzas con Cuba. El pobre Elián, o los pequeños que agasajan con banderolas al dictador, son el ejemplo que a estos activistas les encantaría repetir en Galicia.

Por eso es previsible que intenten transformar una actividad aparentemente inocente, en todo un plebiscito infantil contra la Xunta. Miles de niños gallegos defienden su lengua contra las amenazas de los enemigos del idioma. El abuelo volverá a recordar cómo su participación en un campamento del Frente de Juventudes era convertido por la hábil propaganda en adhesión inquebrantable al régimen.

Como siempre, el instinto manipulador frustra algo que pudo ser provechoso para los críos, para la lengua, y para el amor de los críos por la lengua. Si en vez de ideólogos, la cosa estuviera en manos de pedagogos, el primer paso hubiera sido despojar al gallego de sus connotaciones de lucha, de resistencia, de obligación, para hacer de él una herramienta que se usa sin dramatismo y libremente. ¿Desde cuándo una arenga es actividad escolar?

CLRODRIGUEZ@ELCORREOGALLEGO.ES