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JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Sobre el estado del español

15.05.2016 
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Cuando hablamos del estado de la lengua española en Estados Unidos, ¿nos referimos al español ‘de’ EEUU, o al español ‘en’ EEUU? Parece lo mismo, pero no lo es. Una cosa es debatir sobre su diversidad, riqueza, calidad y evolución, y otra bien ­distinta es hacerlo sobre su distribución geográfica, sobre el número de hablantes que lo practican, y sobre su supervivencia. Lo hemos visto estos días en el centro de Estudios ­Interdisciplinarios del City College de la Universidad de Nueva York ­(CCNY-CUNY) que dirige el ­prestigioso catedrático de Estudios Latinoamericanos Juan Carlos Mercado, y también en el Instituto Cervantes que conduce ­Ignacio Olmos.
En el séptimo piso del número 25 de la calle Broadway, y en el marco del congreso sobre los vínculos entre España y Norteamérica, el director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), Gerardo Piña-Rosales, y el presidente de la delegación en Washington, Luis Alberto Ambroggio, nos informaron de las publicaciones de la ANLE, así como del relevante papel que juega la institución en el ­desarrollo del hispanismo en EEUU (olvidé preguntarles por qué la Academia se llama “norteamericana” y no “estadounidense”, habida cuenta de que la Academia Mexicana de la Lengua brilla con luz propia desde casi un siglo antes).
Por su parte, en el 211 Este de la calle 49, sede del Cervantes, la lingüista Domnita Dumitrescu, y director del Observatorio de la Lengua Española en la Universidad de Harvard, Francisco Moreno-Fernández, presentaron el proyecto LiBSUS; una base de datos en línea y en constante actualización que ellos dirigen, y que abarca toda la bibliografía lingüística del español en EEUU. Ambas iniciativas demuestran la vitalidad académica del hispanismo. Un vigor que se evidencia no sólo en esas publicaciones que no dejan de aumentar, sino también en el incremento del número de hablantes.
Así pues, en cuanto a la calidad del español ‘de’ EEUU, nada que objetar. Su riqueza reside en su naturaleza viva, incluso en esa especificidad que emerge del “(e)spanglish” (o “espanglés”) y que lo hace tan atractivo. Hablo de ese español que algunos llaman “hispanounidense” y otros incluso “estadounidista”. Me preocupa más el futuro del español ‘en’ EEUU. Lo digo por los hispanos que dejan de inculcárselo a sus hijos en favor del inglés. Y por unos canales de TV en español cuyas programaciones parecen estar diseñadas para los sectores sociales más modestos. Sin embargo, proyectos como los de Carmen Fariña, delegada de Educación de la ciudad de Nueva York, destinados a fomentar el uso de ambos idiomas desde las escuelas; o como el Máster de Periodismo en Español, con el que se han volcado la City University de Nueva York (CUNY) y el Instituto Cervantes, son de agradecer en esa protección del español que muchos reivindicamos.
www.josemanuelestevezsaa.com