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JOSÉ MANUEL VÁZQUEZ VARELA

El retorno de los 'People Boat'

01.10.2015 
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HACE cuarenta años con la caída de Saigón en manos de los comunistas, se inició la evacuación de Vietman del sur organizada por los norteamericanos para su personal civil y militar y una parte de los nacionales de aquel país, que temían represalias por parte de los nuevos dirigentes. Una parte de los vietnamitas, que huyeron por su cuenta, lo hicieron de un modo desordenado en barcos con destino a los países próximos, donde esperaban encontrar asilo.

Según se fue instalando el nuevo sistema político en el país se incrementaron notablemente los esfuerzos por huir del nuevo régimen por vía marítima. Este éxodo adquiere características dramáticas cuando los exiliados descubrieron que no les dejan desembarcar en los países vecinos y se vieron obligados a navegar sin rumbo, en deplorables condiciones de vida, esperando que alguien los socorriese. Esta tragedia, muy comentada en los medios de comunicación de la época, duró en algunos casos años, y poco a poco, los navegantes sin rumbo y con poca esperanza, fueron aceptados en diversos lugares, gracias a las presiones internacionales. Estos fugitivos, errantes a su pesar, fueron conocidos como The People Boat, la gente de los barcos.

Ahora, cuarenta años después, se repite una situación parecida, en zonas próximas y por causas en parte coincidentes, como la persecución política, y nuevas, como las de tipo étnico y religioso, en la que de nuevo la diplomacia internacional tiene que intervenir activamente para evitar que se repitan los graves sufrimientos padecidos por los primeros People Boat.

Es de esperar que la experiencia de lo ocurrido hace cuatro décadas sirva para resolver los problemas actuales, algunos de ellos muy llamativos, como por ejemplo, el hecho de que algún colectivo religioso, que predica la compasión y la solidaridad, se oponga a que desembarquen en su país personas de una religión distinta. Si los conocimientos de la historia y la antropología cultural valen para ser aplicados a la resolución de conflictos, tienen aquí una ocasión excepcional para orientar el modo de, al menos disminuir un problema, que parece una vuelta al pasado.

Catedrático jubilado de la USC