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LUIS POUSA

"A Laponia hemos de ir"

23.02.2012 
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SIN DUDA tuvo que ser un lapsus, aunque quizás Freud lo calificaría de otra cosa. Más allá de que esté en el círculo polar ártico, desde la perspectiva ideológica de un talibán del neoliberalismo resulta un contrasentido mayúsculo amenazar a los parados españoles, que rechacen la primera oferta de empleo, con enviarlos a trabajar a Laponia.

Pues a poco que se informen los parados españoles de las condiciones sociales y económicas que se dan Noruega, más que un castigo sería un incentivo para ellos poder trabajar allí.

Algunos datos (OCDE) ayudan a fundamentar lo anterior.

El número de horas reales trabajadas en el país escandinavo es el 85 por ciento de las trabajadas en España y los salarios el triple; el gasto interior bruto en I+D+i, en porcentaje de PIB, duplica el español; otro tanto ocurre con la inversión en conocimiento, y el número de investigadores por cada mil empleados (también es el doble: 10 frente a 5).

La participación de la manufacturación de las tecnologías del conocimiento en el total del valor añadido generado es del 3% en España y del 5,5% en Noruega, mientras que el porcentaje de hogares con acceso a Internet es del 45% y 85%, respectivamente. Algo es algo: al menos se registra un empate en número de vías de acceso de telecomunicaciones por cada cien habitantes, 180.

En educación y formación, los estudiantes noruegos aventajan a los españoles en comprensión lectora y matemáticas, según el informe PISA. La diferencia es aún más notable en acceso a (y en) titulaciones superiores, y, por supuesto, en gasto anual por estudiante a precios constantes (Noruega dedica 5.000 dólares más al año por estudiante que España). La participación del gasto público en instituciones educativas es del 99 % en el caso noruego y del 80% en el español.

Noruega destina mayor porcentaje de gasto público a la sanidad que España; lo mismo sucede con el gasto social. En cambio, ese protagonismo se invierte en gasto en orden público y defensa. En la recaudación del impuesto sobre la renta, los ingresos suponen el 44% del PIB noruego y el 37% de PIB español; en el impuesto sobre beneficios, la recaudación es del 21 % y del 13 %, respectivamente.

Ambos países tienen una esperanza de vida similar (sobrepasa los 80 años). Pero el índice de mortalidad por accidentes de tráfico sigue siendo muy superior en España, pese a los indiscutibles avance conseguidos en los últimos años.

Noruega está entre los cinco países del mundo con mayor nivel de ingresos por persona, y con los más bajos índices de pobreza y brechas de pobreza. Además, ostenta el récord mundial en número de hogares que no tienen parados. Hay pleno empleo en hombres y mujeres.

Seguramente serían legión los parados españoles que, pese al frío y la luz boreal, se apuntarían gustosos a trabajar en esa zona noruega, y cantarían aquello de "A Laponia hemos de ir". Quizá el señor Feito quiso decir Siberia. Habría que darle las gracias por haberse confundido.