El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión | opinion@elcorreogallego.es  |   RSS - Opinión RSS

a bordo

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Pólvora o magnolias

25.01.2010 
A- A+

Antes de llegar a la Presidencia de la Academia, Xosé Luis Méndez Ferrín aspiró a otra. Encabezando la marxista-leninista-independentista Fronte Popular Galega, fue candidato a presidir la Xunta hace de esto menos de un año. De acuerdo con los resultados oficiales, sólo quedó a 786.524 votos de los vencedores, frecuentemente calificados por él con todos los suaves epítetos del vocabulario radical.

En una democracia burguesa, esto no inha- bilita a nadie para ponerse al frente de la RAG. Distinto hubiera sido en las democracias populares que sigue alabando don Xosé Luis, donde la pertenencia al partido único era requisito imprescindible para tener la condición de académico. Nada hay que objetar por tanto a que el candidato de un grupo extremista presida a partir de ahora la Academia. Allá sus ilustres miembros con la decisión que han tomado.

Sin embargo, el hecho ilustra sobre el abismo que existe entre los centros que velan por la cultura del país, y la gran mayoría de sus habitantes. En el interior de la Academia se ve con normalidad que un nacionalista extremo, militante y participante activo en procesos electorales, sea presidente, pero hubiera sido impensable que lo lograra un académico del PP o el PSOE.

Porque en ciertos medios de la cultura oficial se ve con mejores ojos a un radical que obtiene tres mil votos en las urnas, que a un moderado cuya ideología representa a ochocientos mil gallegos. He ahí una anomalía, que sería irrelevante si la RAG no tuviera un importante y decisivo papel a desempeñar en las concordias culturales e idiomáticas que Galicia necesita.

Esta rareza en la que se instala nuestra Academia destaca más si la comparamos con instituciones similares. Es imaginable la reacción que se produciría en todos los ámbitos políticos y sociales si fuera designado para regir la Española un hombre (o mujer) de la derecha ultramontana, que aboga por la supresión de las autonomías, alaba a Franco y que acaba de ser candidato por una formación del facherío.

Como nadie asocia el español con ninguna ideología, un hecho así provocaría asombro e indignación. Como aquí se da por sentado que la cultura tiene un cordón umbilical intacto con el nacionalismo, sea éste expreso, difuso, ambiental o leninista, pues un Ferrín presidente no provoca extrañeza alguna.

Que la cultura y la lengua es cosa de ellos es una idea que se está instalando en la sociedad gallega, que por cierto es la que sufraga mayormente la institución académica. Se va admitiendo como algo natural o irremisible, que las instituciones culturales del país sean el reducto favorito de posiciones que fuera de ellas son muy poco relevantes.

Y que no se diga que es injusto catalogar al nuevo presidente por una ideología que, dicho sea en su honor, jamás ha disimulado. Es lo que en estos ambientes se hace para expulsar de la cultura gallega a Cela o a Torrente, para levantar un muro de olvido contra Piñeiro o García-Sabell o colocar en un lazareto a intelectuales como Alfredo Conde.

¿Qué pecado cometieron? Quizá el de no ser marxistas-leninistas, el de no ir en cabeza de la candidatura de la Fronte Popular, o ta vez el de procurar que la cultura y la lengua no le dieran la espalda a la gente normal. Por eso se les conduce al limbo. Dicho lo cual, siempre cabe la enmienda y la rectificación. Si en ésas está el nuevo presidente, tendrá el aplauso y la admiración, incluso de los cientos de miles de gallegos que no lo quisieron como gobernante.

CLRODRIGUEZ@ELCORREOGALLEGO.ES