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Ese momento ya pasó

    el empresario Antonio Catalán, responsable del imperio hotelero AC, lleva ya 31 años cumpliendo con la tradición de hacer el Camino de Santiago desde Navarra, su tierra natal, y hasta ahora, al alcanzar la meta, se limitaba casi siempre a comentar a los periodistas las anécdotas vividas a lo largo del peregrinaje y a destacar la belleza de los parajes recorridos. Este martes, en cambio, no pudo resistir el impulso de hacer una valoración sobre cómo están gestionando la pandemia quienes tienen mando en plaza, y lo cierto es que se notó el hartazgo que le embarga, sensación que a buen seguro comparten muchos millones de españoles, al comprobar que el país se ha convertido en una especie de reino de taifas en el que cada monarca funciona a su aire a la hora de fijar o regular restricciones, horarios y conductas comunes. Algunos echarán la culpa de este hecho a las distintas comunidades autónomas y a su supuesta falta de fidelidad al Gobierno central, pero lo cierto es que el escenario común funcionó bastante bien hasta que el Ejecutivo se empeñó en no renovar el estado de alarma, decisión que significó de facto dejar por completo la gestión de la pandemia en manos de las diferentes autonomías. Y en las de los jueces, últimos responsables desde aquel momento de calibrar hasta dónde se pueden limitar los derechos ciudadanos cuando no existen medidas excepcionales dictadas a nivel nacional. Aquella decisión, muy criticada por numerosos mandatarios autonómicos, es la que provocó la situación que vivimos hoy y resulta chocante que el Gobierno quiera ahora, como bien ha destacado Núñez Feijóo, marcar sus directrices a nivel nacional y con mano de hierro en cuestiones tales como la desescalada del ocio nocturno. Ese momento, señora Darias, ya pasó. Para bien o para mal.

    BEATRIZ CASTRO/Periodista

    10 jun 2021 / 01:00
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