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La generación de la crisis permanente

    primero sufrieron la crisis de 2008. Cuando la economía empezaba a recuperarse tras el bum inmobiliario y el batacazo de la Gran Recesión, vieron al fin que también ellos podían tener oportunidades en el mercado laboral, un proyecto de vida, al fin y al cabo, como el que habían tenido sus padres. Pero llegó la pandemia que lo arrasó todo: la salud y la economía. Hay una generación que ha tomado conciencia de la vida en crisis permanente, la que ha pagado más que ninguna otra las averías del ascensor social. Sin oportunidades, te quedas donde estás. El Consello Económico e Social (CES) de Galicia acaba de publicar un exhaustivo informe sobre el empleo en la juventud gallega que vuelve a ser demoledor. Porque corrobora, con un dato detrás de otro, la falta de perspectivas para el colectivo –dicen que el mejor formado de la historia– al que ahora le tocaría asentarse en el mercado laboral, encontrar un puesto de trabajo, estable a poder ser, y empezar a mirar al futuro, formar una familia quizás, tal vez pedir una hipoteca para comprar un piso.... Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año, la tasa de paro juvenil supera en Galicia el 27 %. Y la de precariedad –el volumen de contratación temporal sobre el conjunto de las personas asalariadas– se acerca al 57 %. En España, el desempleo entre los jóvenes llega al 39 %, la cifra más alta de toda la Unión Europea. En resumen, cifras que no ponen cara a miles de jóvenes que buscan empleo o que, si tienen la suerte de trabajar, cobran salarios demasiado bajos para intentar poner las luces largas a su proyecto vital. Para muchos, ser mileuristas es un privilegio. No exageramos si decimos que, socialmente, laboralmente, hablamos de una generación maltratada a la que se le han arrebatado los sueños. Muchos han asumido que vivirán peor que sus padres. Y es probable que así sea. Por eso conviene que ahora, cuando la pandemia parece que da sus últimos coletazos y empiezan a verse señales de recuperación económica, resolver el problema del paro juvenil y la precariedad sea, de verdad, una prioridad en la agenda política, un reto imprescindible para resarcir a toda una generación. El Gobierno acaba de aprobar un plan dotado de 5.000 millones de euros en este sentido. Sin duda, es un paso adelante. Pero el compromiso ha de ser colectivo y sólo se cumplirá si las diferentes administraciones, sindicatos y empresas caminan juntos y convencidos de que no hacerlo será un error histórico. En esto sí es conveniente aplicar la “magnanimidad” que Pedro Sánchez pide para asuntos más peliagudos.

    11 jun 2021 / 02:32
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