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Melones, patatas y subsidios

    era inevitable que pasase y pasó: el choque de trenes de los ministros Yolanda Díaz y José Luis Escrivá pone el foco en la reforma del insostenible modelo de pensiones español. Las hojas de ruta de los máximos responsables de Trabajo y de Seguridad Social se parecen lo que un melón a una patata. Díaz se empecina en adelantar la edad de jubilación, con el argumento de que favorecerá la entrada de los jóvenes al mercado laboral. Escrivá propone exactamente lo contrario: prolongar los años de trabajo como primera e imprescindible medida para blindar la sostenibilidad del sistema. Digamos ya, sin medias tintas, que el ministro apunta en la dirección correcta, mientras que la ministra maneja teorías que la realidad ha desmontado por activa y por pasiva. No es cierto que los mayores son un tapón para los jóvenes ni mucho menos lo es que aquellos les quitan el trabajo a estos, como desliza la señora ministra en la línea de quienes propagan falsedades tan falsas como que las mujeres quitan el trabajo a los hombres, o que los migrantes roban los empleos a los nativos, o que los robots mandan a las personas a la cola del paro. Las evidencias de que la cantidad fija de trabajo es una falacia son abrumadoras y respaldan al señor ministro: alargar la vida laboral para nada entorpece las oportunidades de los jóvenes, más bien todo lo contrario. Tiene razón Yolanda Díaz al reclamar como uno de los grandes retos de España la incorporación de la juventud al mercado de trabajo, pero se equivoca de medio a medio con su oposición a prolongar la vida laboral. Nos suenan bastante más sensatos y pragmáticos, más pegados a la realidad, los planes que apadrina José Luis Escrivá para que el sistema de jubilación anticipada deje de beneficiar escandalosamente a las rentas más altas, justo las menos perjudicadas a la hora de aplicar el coeficiente reductor; para acercar la edad efectiva de jubilación, que ahora está en los 64,6 años, a la oficial de 65,8 años, y para que se pueda combinar el cobro de la pensión con un salario. Entendemos que erradicar el paro y la precariedad entre los jóvenes, lacras sonrojantes e inadmisibles, se conseguirá mejor así que con el modelo abanderado por la ministra de Trabajo con entusiasmo digno de mejor causa. Es tan incuestionable que la sostenibilidad del sistema público de pensiones tiene que estar vinculada al cobro de pensiones dignas, como que estas dependen de que las empresas paguen salarios también dignos. Así de sencillo, así de complicado.

    18 sep 2020 / 01:10
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