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Si quieres paz, prepárate para evitar a Putin

VLADÍMIR PUTIN aparenta ser un hombre de hielo, impasible e impertérrito ante cualquier situación, pero en estos momentos de catástrofe bélica para su poderosa Rusia, se le encuentra personalmente excitado y nervioso. Aunque sea capaz de lanzar una amenaza nuclear con cara de póker, como hizo ayer, una inquietud originada por el terror a la derrota más ridícula lo corroe por dentro. Por eso, ahora sí, este ex oficial de inteligencia de la antigua KGB puede resultar verdaderamente peligroso. Por eso, Europa, Estados Unidos y todos los países del mundo entero en general que apuesten por el bien están en la obligación de no tomarse sus palabras como una fanfarronada irrealizable y cuanto antes se ponga la dirigencia occidental en modo de máxima alerta para hacerle frente, mejor. La intimidación nuclear, a secas, es propia de un matón ascendido a presidente de una de las grandes potencias planetarias, como es el caso de Putin. Hasta ahí no hay demasiados problemas. La advertencia nuclear, ya expresada formalmente en el contexto del comienzo de una guerra que se preveía fácil por la debilidad del contrario, como también hizo Putin, tampoco tiene excesiva credibilidad. Pero la amenaza desatada ante la evidencia del honor militar de una nación mancillado, esa sí es una situación de extrema peligrosidad. Para un hombre de las concepciones marciales de Putin, la simple posibilidad de salir derrotado en una contienda que contaba con despachar en quince días no es algo que pueda ni esté dispuesto a aceptar. Y la clara amenaza que este ser iluminado verbalizó ayer contra todos aquellos países que se interpongan entre sus deseos de victoria en Ucrania y la realidad en el campo de batalla nace de ese temor a tener que admitirse a sí mismo como un fracasado que pasará a la historia de su grandiosa Rusia como tal. Con la amenaza nuclear y el reclutamiento de miles de reservistas, Putin nos hizo retroceder de forma definitiva a la época de la Unión Soviética, aquellos gélidos tiempos en que el poderío atómico se paseaba por el mundo con mayor presuntuosidad que la paloma de la paz. A partir de aquí, podemos entrar en múltiples escenarios. El mejor sería que el propio pueblo ruso le ajustará las cuentas a su tirano. Pero como no se puede contar con ello, pongámonos a salvo de la barbarie nuclear. Sin caer en provocaciones, pero firmes en la defensa de los valores democráticos y pacifistas.

22 sep 2022 / 01:00
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