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Actitud del PP equivocada

    EL rifirrafe entre la portavoz del PP y Pablo Iglesias en que aquella llamó terrorista al padre de Iglesias por vínculos con el FRAP está fuera de lugar. Además de que solo somos responsables de nuestros actos, la anécdota se refiere a un contexto autoritario cuya estrechez de cauces políticos entrañaba cierta violencia estructural que incita a la respuesta violenta como reflejo especular invertido, al igual que mientras existió la religión obligada toda metáfora, dicho, chiste o idea política tomaba un matiz antirreligioso. El FRAP o ETA por influjo de Argelia, Irlanda, Palestina y Cuba, y por su idealismo extremo tomaron el camino del cielo.

    El problema de Iglesias y su partido tiene que ver con esto último. Una situación insatisfactoria tiende a crear un idealismo que tergiversa la evolución a mejor por la acción reflexiva y enérgica, en una dicotomía entre un presente pintado como repulsivo y una plenitud luminosa, algo que alguna vez pudo estar justificado pero más a menudo es aberración del idealismo político radical, mentalidad reaccionaria característica de la izquierda decadente que sustituye acción paciente por ensoñación. Si no aprenden de sus errores es por la rigidez intransigente e ilusoria de sus supuestos, de ahí que países hispanoamericanos que históricamente dan vueltas en círculo sean su modelo. El idealismo siente atracción por la violencia y supone una devaluación irreal de lo existente a pura cloaca (como Iglesias con Rajoy) frente a una luz futura celestial. Esta falsa oposición idealista de lo mejor a lo bueno es un anhelo de raíz religiosa y es una bomba social porque crea enorme excitación en la imaginación del desposeído materialmente y de pensamiento entre lo que es y lo que cree que debería de ser.

    Inflamados por ella se fanatizan y se muestran incapaces de aceptar el carácter procesual de los cambios, la necesidad de administrar día a día de modo competente, suelen pensar en términos de buenos y malos, y también de modo adolescente el principio del deseo prevalece en ellos sobre el de realidad. Pero los hechos enturbian tal metafísica abstracta de su religión laica para creyentes. Conocen bien sus catecismos, el paraíso donde mana leche y miel, pero se desempeñan muy mal con los malditos problemas concretos.

    Álvarez de Toledo es lista e incisiva, y como otros quizá tenga que lidiar en política con algún chulo o alguna malencarada, pero responder ad hominem nunca la convertirá en una buena portavoz.

    01 jun 2020 / 22:30
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