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¡Anticipémonos!

    LOS volcanes despiertan en nosotros ciertos miedos atávicos y cierto poder de atracción difícilmente explicables. Y es que su belleza es equiparable al respecto que nos provocan. Es una especie de yin y yang. La cara y la cruz de una misma moneda. Cada uno puede quedarse con lo que más reclame su atención. Pero cuando menos, es hora de pararnos a reflexionar...

    La tragedia de La Palma puede hacernos recordar lo rápido que sobreviene el drama y lo pronto que los seres humanos tendemos a olvidarlo. Porque hace cincuenta años, lo que apenas es nada en la historia de la humanidad, los abuelos de muchos de los que hoy están viviendo en primera persona esta desgracia enfrentaron otra parecida. Y si bien es cierto que cinco lustros es tiempo suficiente para olvidar, pasar página no significa no guardar una cuota de recuerdo que nos proteja y nos prevenga a futuro.

    No se me mal interprete. Seguramente lo que esté pasando esta semana tenga mucho de impredecible. Pero los sismólogos llevaban varias jornadas alertando sobre movimientos extraños en las placas tectónicas y pequeños seísmos. ¿Nos ha vuelto a pillar el toro, como tantas veces pasa en este nuestro país tan dado a la improvisación? ¿Podrían haberse anticipado muchos de esos desalojos que ahora tenemos que hacer deprisa y corriendo? ¿Deberíamos tener un plan de catástrofes naturales mucho más claro, sobre todo en un contorno tan expuesto a la furia de la lava y los gases del interior de la Tierra?

    A lo mejor ustedes me llaman agorero. Pero, ¿qué quieren que les diga? Los japoneses llevan años construyendo grandes diques de hormigón a prueba de magma en aquellas regiones de su territorio más propensas a las erupciones volcánicas. ¡Y les está funcionando! Les está funcionando para garantizar la preservación de muchos núcleos de población que ocasionalmente pueden verse amenazados por una erupción volcánica. Aquí, al menos de momento, parece vanagloriarnos más el tachar a los asiáticos de exceso de celo.

    No se trata de criticar por criticar. Y es que ahora que los vulcanólogos quitan cuota de pantalla a los virólogos, parece que con echarle la culpa al azar todo está solucionado. Pero igual es hora de que nos tomemos en serio los problemas reales y tratemos de anticiparlos antes de que sucedan. Dejemos de reírnos de las mascarillas y los diques de otros amparándonos en nuestro carácter latino. Porque puede resultar muy temperamental. Pero queda claro que resulta poco productivo y muy nocivo. Así que apostemos por un plan de pandemias y catástrofes y hagamos de la prevención rutina.

    23 sep 2021 / 01:00
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