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Asia nos alecciona

    SE ha confirmado el que está destinado a ser, salvo que Estados Unidos y la Unión Europea se pongan las pilas, el mayor espacio comercial del mundo: la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). China ha dado otro paso de gigante, y ha sido capaz de aunar objetivos económicos, empresariales y comerciales. Lo hace, además, aprovechando la incertidumbre del Brexit, la paralización de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), la lentitud del tratado comercial entre la UE y Mercosur, la retirada de EE.UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), la fracasada Unión por el Mediterráneo (UfM), y los desequilibrios en materia de recuperación generados por una pandemia de la que la potencia asiática se recupera más veloz debido a su información privilegiada y a unas medidas de prevención y protección por las que ningún país ha sabido pujar.

    Su apuesta es inteligente, y el argumentario del Acuerdo es acertado. Se trata de reducir aranceles para favorecer el intercambio comercial. Además, esta colaboración redunda en beneficio de su variado contexto geográfico, pues es un revulsivo para el sector laboral y para un crecimiento más equilibrado e inclusivo en la mayor parte del territorio oriental y oceánico. La República Popular lucha por todo aquello por lo que apostaban, al inicio de las negociaciones, EE.UU. y la UE (hubiesen logrado el 44% del PIB mundial y el 33% del comercio global). O, si lo prefieren, por aquello con lo que soñaban los ideólogos de un proyecto europeo que ahora se resiente con la salida de Reino Unido del club comunitario. Falta ver cómo reaccionarán Londres y Bruselas ante semejante desafío competitivo. La respuesta la conoceremos en unos días. Habrá que ver si nuestros vínculos comerciales con los británicos se mantienen, o si unos y otros tendremos que someternos a las menos ventajosas normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con sus incómodos protocolos fronterizos y arancelarios.

    La iniciativa asiática ya habría sido un éxito sólo con la consolidación en materia de libre comercio entre China, Corea del Sur y Japón. Pero es que, además, integra a los países que conforman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Y claro, ver al estratégico Singapur unirse a los países del norte de la mano de potencias de Oceanía como Australia y Nueva Zelanda, evidencia la ambición del proyecto; sin olvidar la pujanza de Indonesia, Malasia o Vietnam, a los que se suman Tailandia, Filipinas, Camboya, Laos, Brunéi y hasta Myanmar. Ya sólo falta que India supere su miedo a una competitividad desleal en términos laborales, de producción y de precios, y se una al equipo, para que empiece a temblar el tablero del crecimiento global y el mapa de desarrollo mundial, si es que no lo está haciendo ya, pues conjuntamente capitalizarían el 33% del PIB y del comercio mundial.

    22 nov 2020 / 21:59
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