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Caída y resurrección

Nunca he entendido muy bien por qué con el paso de los años se va perdiendo esa pasión adolescente por admirar ídolos. Alguien me preguntaba el otro día qué personalidades famosas me harían levantarme de la mesa si las encuentro en un bar. Solo me vinieron a la cabeza dos nombres. Hace diez años, cualquier cantante de single veraniego habría entrado en la lista. El fenómeno fan va en caída libre sin frenos cuando la personalidad se afianza y la vida te pone elementos más importantes a los que dedicar la pasión. Sin embargo, sigue habiendo una cosa que hace que la gente salte de sus sofás con el corazón en un puño: el deporte. Y es en personas como Ana Peleteiro, Teresa Portela o Susana Rodríguez cuando el fenómeno fan reconcilia a cualquier con el verbo ADMIRAR, en mayúsculas.

El caso de Ana es particular. Ella misma ha reconocido en numerosas ocasiones que durante una época de su vida se encontró completamente perdida. Una persona que la conocía relativamente bien por proximidad geográfica cuenta que nunca imaginó que Ana Peleteiro saliese del pozo particular en el que se vio semiahogada cuando una lesión la alejó de su mejor estado de forma, sin ver después la forma de retomar el camino. Era una Ana adolescente que no tenía claras sus prioridades y que ya no sentía la misma pasión que antes. No habría pasado nada si lo hubiese dejado ahí, pero resulta tremendamente meritorio recomponerse de sus cenizas y brillar de nuevo.

Ana no es solo una deportista que acaba de sumar una medalla más para la historia del olimpismo, sino que representa uno de los mejores emblemas de los que puede presumir en este momento Galicia. El acento cerrado made in Ribeira con el que habla bien alto y claro actúa como un palo directo a todos aquellos que han educado en castellano a sus hijos siendo ellos mismos galegofalantes, porque no fuese a ser que el gallego y su acento les alejase de ese éxito vital que para desgracia de todos tanto se persigue desde la infancia.

En una comunidad autónoma en la que uno va a entrevistar a un máximo mandatario como representante de todos los gallegos y este responde en castellano, no hay política lingüística que le haya salido a la Xunta más barata y efectiva que la política Ana Peleteiro. Ella sí es marca Galicia, enarbolada bien alto en la Televisión de Galicia o en cualquier canal nacional, dejando bien claro que el nacionalismo es mucho más que un apellido político, sino una actitud vital, y que se puede ejercer en cualquier idioma siempre que la esencia no se pierda, que los orígenes vayan bien inscritos en el ADN.

Más allá de esto, Peleteiro también es la muestra de que la rapidez de respuesta y el ingenio son muchas veces el mejor síntoma de inteligencia. La rapidez para corregir a su colega Zapata con su “nosotros somos negros, de color serán ellos, que cambian más que el sol” es buen ejemplo de ello. O su aplaudida respuesta a Santiago Abascal, en la antítesis ideológica de todo lo que ella representa, con su tuit viral de “lo único verde que tiene Galicia son los montes”. No es de extrañar que cuando uno busca de nuevo un ídolo al que admirar como cuando era adolescente, Ana Peleteiro y sus lágrimas pujen de lleno por el puesto.

05 ago 2021 / 01:00
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