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Cambios en el Gobierno

    AUNQUE se preveía, la renovación llevada a cabo por Pedro Sánchez ha sorprendido por las formas, por el fondo, y por el instante en el que la ha realizado. Llama la atención la destitución de algunos ministros, así como que otros se mantengan en el cargo pese a su desgaste y a su descrédito. Causa estupor que no se hayan adelgazado las carteras en plena crisis económica. Su reducción hubiera trasladado un mensaje de solidaridad con la ciudadanía.

    Hasta sorprende la actual apuesta por perfiles más políticos que profesionales. Voces acreditadas han comentado la falta de experiencia de algunos y algunas nuevas ministras en relación con las responsabilidades que les han sido encomendadas; y no son pocos los memes y las bromas suscitadas por cambios de cartera que han sido recibidos con notable sorna. Se vislumbra cierta esperanza en el ámbito de la política exterior, aunque sólo sea con vistas a mejorar la deteriorada pero imprescindible convivencia con nuestros vecinos de Marruecos.

    Con todo, los nuevos miembros del Ejecutivo merecen el beneficio de la duda para desarrollar su labor y demostrar su capacidad, al menos, durante los cien días de gracia. Pero no es fácil entender que el presidente del Gobierno no se haya atrevido a tocar ninguno de los ministros propuestos por sus socios, es decir, por la formación morada, pese al desgaste, la falta de competencias, e incluso las críticas asociadas a algunas de las carteras que ostentan. La siempre ecuánime Yolanda Díaz no ha descartado futuros cambios; pero sus declaraciones parecen más un comentario para calmar a descontentos, que un plan que vayan a aceptar desde Podemos, al menos a corto plazo. Es más; la remodelación semeja obedecer en varios casos al resultado de tensiones internas que, al parecer, se decantaron a favor de los socios más radicales.

    Otros enfrentamientos se mantienen y evidencian en declaraciones públicas; por ejemplo, entre las dos nuevas vicepresidentas primera y segunda, las gallegas Nadia Calviño y Yolanda Díaz. Se despedía la ya exvicepresidenta Calvo hablando de salidas amorosas; y otros se refieren ahora al nuevo Ejecutivo como el de la sonrisa.

    Todo esto está bien; las sonrisas, las buenas palabras y los modos amorosos nunca están de más, pero la sociedad española vive un momento muy delicado, y está ávida de seriedad, compromiso, diligencia y gestión. Será en el ejercicio de la labor de los nuevos cargos donde iremos viendo si esta crisis temprana en el seno del Gobierno, y si el recién nombrado Consejo de Ministros, responden a algo más que a una mera estrategia política electoral provocada por esa intención de voto adversa que muestran las encuestas. Con todo, ahora no toca pensar en futuras elecciones, sino en sacar al país adelante.

    19 jul 2021 / 01:00
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