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Cumpleaños amargo

    LO que iba a ser un momento de celebración de, hasta cierto punto, puertas abiertas para dar a conocer y se apreciara la labor de los tres mil hombres y mujeres que velan por la seguridad nacional desde el más estricto anonimato, se ha convertido en un momento de expectación con respecto al futuro de su directora o sobre algunas dudas interesadas ante la posibilidad de que haya quien vaya por libre en el seno del Centro Nacional de Inteligencia, que cumple ahora veinte años, heredero del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID).

    En pocas ocasiones el CNI ha estado tan expuesto a la vista de los ciudadanos. Si se le quería dar visibilidad era para que se conociera su actividad, sobre todo fuera de nuestras fronteras donde desarrolla su trabajo y no por las escuchas a través del programa Pegasus sobre los independentistas catalanes, a los que se espió con autorización judicial como manda la legislación y como reveló en la sesión de la comisión de gastos reservados –secretos oficiales– la directora del organismo, Paz Esteban, cuya intervención llegó hasta donde podía llegar sin aclarar muchos de los múltiples flecos que ha dejado el desvelamiento del espionaje a sesenta independentistas catalanes, de los que de dos terceras partes no se sabe –oficialmente– quien los ha espiado, ni tampoco como se han infectado los teléfonos de Pedro Sánchez y varios ministros más.

    Pretender que los servicios de inteligencia desvelen sus secretos, su modus operandi en situaciones delicadas o que señalen a los responsables políticos de las operaciones que llevan a cabo es como pedir peras al olmo. Ni desde dentro se puede desvelar quien está detrás de esas órdenes, ni quien lo está tampoco, aun a riesgo de que parezca que los servicios secretos son un Estado dentro del Estado que escapa al control político. Se ha dicho que, si el espionaje a Sánchez, Robles y Marlaska procediera de “otro tipo de entidad” –como ha dicho el ministro de Exteriores, José Manuel Albares–, y estuviera relacionada con algunos de los servicios de información nacionales estaríamos ante un intento de golpe de Estado.

    Como estaba previsto, la intervención de Paz Esteban dejó insatisfechos a quienes estaba previsto que dejara, no solo porque son las víctimas del espionaje, sino porque tampoco dejaron en la puerta de la comisión, junto a sus teléfonos móviles, su Repertorio de Prejuicios Ideológicos (Antonio Orejudo) ante los servicios de información.

    El efecto de todo estos días en los que Pegasus sobrevuela sobre la política nacional es que el Centro Nacional de Inteligencia ha visto dañada su reputación, que la legislatura atraviesa un momento delicado por una crisis mal gestionada desde el principio, a pesar de que ha habido tiempo para anticiparse a lo revelado por Citizen Lab, que se ha enredado con el espionaje a miembros del Gobierno y que va a resultar difícil recomponer la relación con los socios parlamentarios e incluso con los que forman parte del Gobierno, cuya mayor preocupación es cobrarse una pieza de caza mayor más que conocer la verdad de lo que ha sucedido. Y por qué.

    08 may 2022 / 01:00
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