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David del Puerto, titular de la Cátedra de Composición de los “Cursos U.I. de Música en Compostela”

    La pérdida de Antón García Abril ha dejado una plaza difícil de olvidar, pero quien deba rendirle el debido reconocimiento, será el compositor David del Puerto, en la Cátedra de Composición en el “Curso U.I. de Música en Compostela”. David del Puerto Jimeno comenzó su andadura en la escuela de Francisco Guerrero, centrándose en contrapunto dodecafónico y que compartirá con maestros de esa generación, desde J.Rueda, a C. Camarero o J.Torres, llegando pronto a apuntar su propia línea compositiva, alejándose de las influencias de su maestro. Entre estos músicos, hubo en un principio afinidades reconocibles, en especial por su reacción contra los conceptos matemáticos y de masas características de Guerrero y que se transformó en un interés por la individuación de ciertos parámetros, principalmente por la interválica y la armonía, que en su maestro se encontraban erradicados. A partir de 1985, asistirá a cursos de Luís de Pablo en el Círculo de Bellas Artes, de los que saldrá “Veladura”, obra muy armónica, basada en el intervalo de tercera menor.

    Guerrero fui motivo de un acto seguido en la “Fundación Juan March”- march.es “Generación Guerrero: In Memoriam”-, en octubre de 1011, en el que colaboraron alumnos directos como Alberto Posadas, César Camarero, Jesús Torres o el propio Del Puerto, incluyendo su obra “Círculo de fuego”, con otras del maestro interpretadas por la violinista Marina Todorova, el viola David Quiggle y la chelista Suzana Stefanovic, y la asistencia para la proyección sonora de Nacho García y J.L. Maire. En su reconocimiento, Del Puerto diría sobre Guerrero: Su trabajo estaba sólidamente asentado en una concepción muy férrea no solo de la música, en lo que se refiere a cómo ha de sonar, sino del trabajo del compositor y del sentido de la obra. Pero estoy prácticamente seguro de que en un plazo de mayor tiempo, su creatividad habría saltado por encima de las coordenadas en las que se movía. Su imaginación y la actualidad de su pensamiento habrían reventado las paredes de su estilo, para sorpresa de muchos, de tantos como quieren confinar a los artistas en la celda de su estilo

    En su amplio catálogo, destacarán obras como “Ritual”, sobre un tema tomado de Guerrero y que dará a conocer en el Festival Almeida, de Londres, en una edición dedicada a nuestro país. “Sequor Op. 3”, reafirma el reconocimiento con Guerrero y se inspiraría en propuestas plásticas del argentino Julio Leparc. Viaja a París en el 87 gracias a una invitación de Pierre Boulez, que dará a conocer “Veladura”, con el “Ensemble Intercomtemporain” , además de un encargo por atención del propio Boulez. En esa carrera ascendente, se añadirán “El canto de las dos naturalezas”, para el Festival de Verano, de Ginebra; la primera obra orquestal, “Corriente cautiva”, encargo del “CDMC”, para el entonces boyante Festival de Alicante o “Invernal”, en demanda de la Fundación Juan March, en un lenguaje renovador: la sonoridad puntillista del serialismo y con detalles post-webernianos. Un estreno que se realizará en el Teatre Lliure, con J.Pons.

    En 1992, el “Concierto para oboe”, estará destinado para el Festival de Middelburg (Holanda) y el “Kleines Konzert”, quedará marcado por las influencias sobre las que asienta su evolución, que se pondrá en atriles en el “Festival Ars Música”, de Bruselas, en un certamen en el que destacaba sus atenciones de A.Webern. Nuevo encargo del “CDMC”, “Étude”, para el “Quinteto Arnold”, de Milan, obra en la que plantea posibilidades de células que funcionen de forma más modal. Procedimiento que inspirará “Canto del abismo”- en la que por primera vez incorpora la voz de soprano sobre textos de E.Cirlot- y “Visión del errante”- compromiso para la “Fundación Gaudeamus”, de Amsterdam, que hacen patentes una simplificación rítmica. Un grupo de obras, se encuadran dentro del título “Verso”, la última destinada para marimba y pequeño grupo de percusión, un momento en el que se decidía por un virtuosismo extremo, con trabajos como el “Concierto para marimba” (1996), encargo del “INAEM” o el “Concierto para violín”.

    Volverá a la escritura vocal con “Paisaje”, para coro y cuatro voces, empleando recursos sencillos e imitaciones canónicas, poco antes de que la “JONDE”, le nombre compositor en Residencia, gracias el proyecto de Llorençs Caballero. Frisando el cambio de siglo, aparecerán “Versiculo”, dedicada a Luis de Pablo, el “Concierto para violín”, Rejoice” o el trabajo escénico “Espectros”, tomado del drama de Ibsen, para dos voces y seis percusionistas y que titulara “Sol de invierno”. Para el autor, el género debe abaratar costes, porque hacer “La forza del destino”, con Levine, seguirá siendo igual de caro o más. Por lo que la ópera actual, su futuro debe volcarse en la ópera de cámara, que es donde podemos captar un poco de público. Debemos ser realistas con el contexto musical que vivimos y con el público potencial al que podemos abrirnos, porque nosotros no vamos a arrastrar a 25.000 personas, a lo largo de diez funciones pero tal vez a tres mil sí.

    David de Puerto se siente deudor, como queda dicho de Francisco Guerrero, del que aprendió bastante, y en el que encontraba a un gran compositor, al margen de dónde me encuentre yo ahora estéticamente hablando y dónde se encontrase él mientras vivió. Está desde luego Cristóbal Halffter, sintiendo un enorme respeto por José Luís Turina, también por José Manuel López y Jorge Fernández Guerra o los más jóvenes citados, Jesús Rueda, César Camarero y Jesús Torres, compositores de enorme talento. Hallamos dos constantes en el lenguaje compositivo de David del Puerto, el interés por lo expresivo y la atención hacia la forma. Su música ha ido evolucionando desde un aspecto más continuo a una alternancia de secciones caracterizadas por texturas y procedimientos contrastados. Concibe al oyente como parte necesaria en la comunicación y con ello se relaciona su vertiente expresiva. Para J.Arias, el procedimiento formal predominante en sus obras es la variación.

    En la evolución de su obra se observa una progresiva aclaración de la armonía. El objetivo, es la búsqueda de una sonoridad determinada, que sea reconocible, en la que la armonía tenga capacidad para generar colores y contrastes que puedan ser usados dramáticamente y que permitan cambios en la velocidad y en la densidad armónica. Existe por tanto jerarquía aunque exenta de funcionalidad armónica. Esta visión vertical de su lenguaje discurre de forma paralela al progresivo desarrollo de la melodía. Hay que poner de manifiesto, por otra parte, el uso de la textura como elemento estructural, procedimiento que desarrolla a partir de la década de 1990. Las fuentes de consulta sobre David del Puerto, las facilita Belén Pérez Castillo, en la entrada correspondiente del “Diccionario de la Música Española e Hispanoamericaca”, que coordina Emilio Casares Rodicio.

    05 abr 2021 / 02:31
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