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Del 15-M al futuro de la UE

    HAN transcurrido diez años desde aquel Movimiento de los indignados que ocupó espacios emblemáticos de diversas ciudades españolas en el último año del Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Desde la Puerta del Sol de Madrid primero, y la Plaza de Cataluña barcelonesa después, el espíritu del 15-M se extendió por todo el territorio nacional. Diversos colectivos denunciaban la corrupción política, exigían una nueva ley electoral y acabar con el bipartidismo, pedían una democracia más participativa y directa, anhelaban anular los privilegios de los poderosos, y reivindicaban el derecho a la vivienda, el acceso al mercado laboral, salarios más dignos y hasta la dación en pago. Aquellas protestas y marchas por la dignidad las capitalizó más tarde Podemos y sus ‘mareas’ a través de sus jóvenes líderes. Su oportunismo cuajó; y el espíritu del 15-M cristalizó en la formación morada, pero también con ella ha demostrado su fracaso.

    Tras diez años, el paro entre los más jóvenes sigue en el 40 %, la media salarial ha descendido, los contratos indefinidos se han contraído un 8 %, el fiasco de las políticas de conciliación ha motivado que la natalidad por cada mil habitantes haya caído un 2,5 %, las colas del hambre aumentan, y las viviendas dignas sólo se ven en los nuevos casoplones de muchos de aquellos líderes sociales. La democracia se tambalea, la transparencia brilla por su ausencia, y hasta se ha pretendido quebrantar la separación de poderes. Aquel estado de malestar ha caído en manos de quienes parece que sólo pretenden derribar el Estado de bienestar. Así las cosas, semeja que apenas las instituciones europeas son capaces de poner freno a tanto despropósito gubernamental. Por eso celebro la inauguración en Estrasburgo, el pasado lunes, de la Conferencia sobre el Futuro de Europa.

    Se trata de una iniciativa que involucra al Parlamento Europeo, a la Comisión Europea y al Consejo de la UE; y tiene como objetivo fomentar entre la ciudadanía un debate a doce meses destinado a intercambiar ideas y elaborar un informe final que refleje el sentir de la gente y permita, como señaló Emmanuel Macron, “reformar Europa” desde la perspectiva del ciudadano; eso sí, en colaboración con los altos cargos institucionales, y la implicación de un grupo de eurodiputados, de los 27 gobiernos nacionales, de sindicatos, de patronales, y hasta de estudiantes del programa Erasmus.

    Tras dos durísimas crisis, la económica y financiera de 2008, y la sanitaria, económica y también social provocada por la pandemia, ha quedado evidenciado que es mucha la tarea que le queda por hacer a la UE si de verdad quiere frenar las tendencias totalitarias y populistas de ciertos Gobiernos, recuperar el espíritu de solidaridad y cooperación entre los 27, y terminar de construir un proyecto del que todos nos sintamos partícipes, especialmente teniendo en cuenta la desafección de la sociedad hacia la clase dirigente debido a la gestión deficiente, insolidaria y tardía de ambas crisis. Ojalá lo logremos. Sea éste, pues, nuestro deseo en una jornada en la que también celebramos el Día Internacional de las Familias.

    15 may 2021 / 01:00
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