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Del Val

Hay libros que, definitivamente, nos estallan entre las manos. Sobre todo cuando esperamos que sean más o menos normales, o acomodaticios, o cuando imaginamos que vamos a leer algo que sigue la moda, o los usos del momento, o... Pero voy a citarles un ejemplo de lo que quiero decir. Hace muchos años (décadas), no tenía ni idea de quién era John Dos Passos, y me encontré con un ejemplar de Manhattan Transfer. Lo único cierto que sabía es que su autor era americano. Y alguien me había asegurado que era arriesgado, en absoluto banal, y muy, pero que muy ambicioso. Y me dije que bueno, que a lo mejor me encontraba con un émulo de Hemingway. Simplemente, porque entonces la referencia máxima de ese continente era él, y que de alguna manera había heredado el trono de Mark Twain. Pues bien. La lectura de ese volumen fue una de las grandes experiencias de mi vida. Porque lo revolucionaba todo. Porque establecía un cambio de costumbres en la forma de escribir, lo mismo que había pasado con Joyce y, más tarde, con su secretario Beckett. Estoy hablando, como ven, de arquetipos, de dioses, de claves universales. Y de sorpresas mayúsculas. Hoy voy a contarles, muy brevemente, eso sí, cómo he encontrado a alguien que ha dado un frenético giro de timón a las últimas tendencias narrativas hispanas. Lean, lean. Ha aparecido una bomba...

DEL PARAÍSO. El artefacto explosivo se llama así, Delparaíso. Su autor es Juan del Val, y acaba de ver la luz en Espasa. Es algo que, en condiciones normales, como a mí me ocurrió con Dos Passos, parecería, a priori, un producto racionalmente inocuo. Trata sobre una utopía moderna: una urbanización de lujo, con chalets maravillosos, encantadores, y, por encima de cualquier otro concepto determinante, blindados ante cualquier peligro exterior, absolutamente protegidos de cualquier amenaza física posible. Perfectos, en resumen. Pero las familias que viven ahí, igualmente perfectas, resulta que no lo son tanto. De alguna manera, sus habitantes, a la manera de como se expresaba Miss Marple, la heroína de Agatha Christie, en Un puñado de centeno refiriéndose a la criada Gladys, “siempre estaban soñando con cosas que nunca les ocurrirían...” Es entonces cuando el sueño dorado se convierte en distopía. Y, conforme vamos leyendo, el texto va corroyéndonos hasta convertirse en un almuerzo envenenado, que nos irá destruyendo poco a poco como si estuviéramos sufriendo los efectos lentos de un alcaloide. Un alarde de personajes extraños pero reconocibles, desde la ex-amante de un Borbón insigne hasta una metalera destroyer o un as del balón. Una obra maestra absoluta...

15 feb 2021 / 01:00
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