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Desaire de Londres

    CUANDO hace unos meses un guardia fronterizo de los países bajos le requisó un bocadillo de jamón y queso a un camionero británico y le espeto aquello de ¡Bienvenido al brexit! estaba dando el pistoletazo de salida a una relación entre el Reino Unido y Los 27 que no va a ser nada fácil y en la que las pullas, las trampas, los conflictos por cuestiones de tono menor y más graves serán moneda corriente, y se podrán acentuarán a medida que se conozcan las consecuencias de la separación de las islas del continente.

    En esta secuencia de hechos, que no había hecho sino comenzar, es preciso incardinar la decisión del Gobierno británico de no reconocer el estatus diplomático al representante de la Unión Europea en el Reino Unido, el veterano diplomático portugués Joao Vale de Almeida, ni al resto de la delegación diplomática de Bruselas, y que ha obligado al Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, el español Josep Borrell, a advertir a Londres del malestar de las instituciones europeas por esa decisión que no considera razonable, cuando Reino Unido es un país tercero, pero de gran importancia por las relaciones que se mantienen a todos los niveles.

    En el mismo sentido el responsable de la UE de negociar el brexit, Michel Barnier, recomendó a Londres que manejase la situación con inteligencia, porque su actitud podía despertar recelos en Europa cuando haya que negociar cualquier asunto y busque quien le pueda ayudar en sus pretensiones.

    La decisión del Gobierno del premier Boris Johnson es más incomprensible cuando su país firmó el Tratado de Lisboa –que recoge la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961– en el que se reconocía el estatus diplomático al Servicio Exterior de la Unión Europea.

    De hecho, hay 140 países que le otorgan ese carácter a los representantes europeos con todos los privilegios que comporta, aunque como los británicos también conocen que no se trata de un cuerpo diplomático al uso.

    Las autoridades británicas quizás debieran tener en cuenta que la maniobra que pretenden materializar también la llevó a cabo la Administración Trump y tras retirar el estatus diplomático al representante europeo acabó reconociéndoselo un año más tarde. Es decir, que alguna ventaja vería el ultranacionalista expresidente estadounidense para volver al statu quo anterior.

    En cualquier caso, este incidente es un síntoma de que las relaciones con el antiguo socio no van a ser nada fáciles, que surgirán roces en cualquier recodo del camino y que habrá que gastar mucho tiempo en resolver este tipo de asuntos hasta que se engrasen los mecanismos para abordar todos los asuntos.

    10 jun 2021 / 01:00
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