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Doña Cayetana

    NO tengo otro conocimiento de la señora Álvarez de Toledo que el transmitido por los medios. No la conozco personalmente y dudo muy mucho que eso llegue a producirse algún día. De entrada, acepto, de buena fe, los elogios que se le tributan sobre su gran altura intelectual y, seguramente, sus propiedades en cuanto a valor personal y amor propio. Por el contrario, cuestiono su congruencia ética. Creo que me asiste legitimidad para ello desde la postura humilde de mero contribuyente.

    Con sinceridad, me duele la parte alícuota de mi contribución crematística a sus haberes de parlamentaria. Y ello porque entiendo que demuestra una soberbia indignante dada su persistencia en ocupar un estrado bajo las siglas de un partido político de cuyos dirigentes políticos abomina de forma pública y notoria, con criticas acerbas sin el menor atisbo de piedad apoyándose en el principio del derecho a la discrepancia. No seré yo quien ponga en cuestión ese derecho, pero hay límites que no se deben superar, por muy desmesuradas que sean sus dotaciones de egocentrismo y autosuficiencia.

    Y un tranquilo observador como este de hoy se ve ante una duda metódica, la de decidir el mayor grado de estupor ante esa capacidad para la autoconfianza o el temple –por llamarlo de un modo elegante– de mantenerse sentada junto a personas que deben estar legitimadas para rehusar esa proximidad. Y tampoco deja de producir sorpresa ver una de las faces de Jano en quien alude frecuentemente a la ética, a los valores. Lo más digno seria que usted abandonase su escaño.

    Que además no es suyo, es de nosotros los electores, que pagamos las ocupaciones de esas anheladas poltronas. Líbrenos de la ignominia de tragar con lo que no es más que un extralimitado culto a la personalidad. Si su secreta intención fuere alguna postulación futura de mayores ínfulas, un consejo leal es que la abandone. Una persona que se jacta –seguramente con base– de tanto caudal teórico, no debiera ignorar cuestiones elementales en el devenir político.

    En ultimo término, y ya puestos en vis transnacional, podría pensarse en una estadía corta para eludir a ojos vistas una derrota, y que diera paso a una dimisión posterior cuando la atmósfera sea absolutamente irrespirable. La fórmula ya ha sido usada en otras ocasiones.

    A decir verdad, es muy poca la esperanza que tengo de que siga usted alguno de mis consejos, pero mis vísceras me exigían decirlo.

    Una coda final, imprescindible. Mi crítica va encaminada a una conducta personal, al margen de cualquier partidismo político. Si mañana le tocase a otro u otra política de diferente partido, el tono y el contenido serían exactamente los mismos.

    26 nov 2021 / 01:00
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