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Dos antiguas monarquías

    ¡LA reina ha muerto! ¡Viva el rey!, ha dicho el pueblo británico.

    Gran Bretaña y España tienen algunos aspectos en común: territorios con pretensiones de independencia; experiencia en terrorismo relacionado con esas pretensiones, que causó numerosas muertes en España y Gran Bretaña, entre otras la del miembro de la familia real británica lord Mountbatten; antigüedad de sus respectivas monarquías; pasado imperial; escándalos y desavenencias en sus familias reales e importantes servicios de Isabel II y Juan Carlos I a sus países, entre otros.

    También presentan notables diferencias: el respeto de los británicos a la institución monárquica y sus símbolos, a la tradición y el protocolo, que a muchos parecerán costumbres rancias y anacrónicas, pero que revelan veneración y consideración a su historia.

    En el caso de España no podemos decir lo mismo sobre la institución, en continua controversia; la bandera es agraviada sin consecuencias, y blandirla supone exponerse a ser calificado de facha; el himno nacional es objeto de abucheo con frecuencia en actos públicos, y en algunos territorios entornarlo es una provocación.

    Las honras fúnebres dedicadas a Isabel II, han evidenciado el generalizado respeto de los británicos a la Monarquía, expresión de la estabilidad de una nación durante doce siglos: reverente silencio; la primera ministra Liz Truss y otros políticos compartiendo con el pueblo la sufrida espera para rendir a la Reina un último homenaje; la majestuosidad de los desfiles funerarios; las lágrimas de la gente sencilla; ...

    Estas y otras muchas imágenes, incomprensibles para ciudadanos de otros países, a mí me resultan conmovedoras y envidiables.

    Carlos III tiene ante sí el reto de estar a la altura de su madre. Sus gestos ante pequeños errores de protocolo de sus ayudantes, no son un buen comienzo: expresión facial adusta, ademanes de desaire y palabras impropias de quien ha sido educado para no expresar en público sus emociones.

    Esta adhesión masiva del pueblo británico a su monarquía debería ser un ejemplo para los españoles. Postura que creo no está reñida con la sorpresa de muchos ante la declaración de tres días de luto en las comunidades autónomas de Madrid y Andalucía, con motivo del fallecimiento de Isabel II. Respeto sí, pero papanatismo no; deberíamos dar más importancia a escuchar con devoción el himno nacional, honrar a nuestra bandera y agradecer a Felipe VI la dignidad y prudencia con que desempeña la jefatura del Estado.

    24 sep 2022 / 01:00
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